La asesora de Manuel Ascunce

Con solo 16 años el joven alfabetizador fue asesinado por bandas contrarevolucionarias.

Una llamada telefónica desperezó la rutina del día. “Le habla el esposo de Gladys Martínez, desde aquí de Ranchuelo”. Enseguida recordé el nombre. Se trataba de la asesora que atendiera en la última etapa de su labor como alfabetizador al joven habanero Manuel Ascunce Domenech, asesinado por las bandas contrarrevolucionarias el 26 de noviembre de 1961 en las estribaciones del Escambray, al centro de Cuba.

Justo una década atrás un equipo de este semanario anduvo tras las huellas de Neisa Fernández Rojas, la única alumna a quien Manuel Ascunce alcanzó a alfabetizar totalmente, y aprovechó la ocasión para conversar con quien en calidad de asesora lo visitara poco antes de que los asesinos que le robaron la vida fueran a buscarlo a la casa de Pedro Lantigua.

Gladys Martínez Torriente intenta un acercamiento al territorio donde murió Manolito, conocedora de que muy pronto se completarán 50 años de aquel horrendo crimen. Limones Cantero, el paraje trinitario que los acogió en la etapa en que Cuba procuraba la luz de la enseñanza para todos sus ciudadanos, sigue atrayéndola con magia sin igual, y ella reside en la provincia de Villa Clara.

Indago por su vida, su presente, sus recuerdos. “Aquí más o menos, con los años, los quehaceres, los nietos…”, dice desde el otro lado de la línea. Y tras reseñar los años anteriores a la jubilación, en la escuela Julio Antonio Mella, donde enseñaba en los grados de primero a cuarto, vuelve Manuel, con su semblante despejado y su cara de niño maduro: “Fui aquella tarde a visitarlo, poco después del mediodía, por si tenía necesidad de materiales, a ver, en fin, qué tal le iba. Recuerdo la arboleda que rodeaba la casa; a la orilla, a un costado, había un árbol de tronco grueso. Como el bohío estaba apartado él y Pedro Lantigua me acompañaron hasta el terraplén. De ahí yo caminé hasta la casa donde me quedaba.

“Ya al despedirme le hablé a Manuel, me dijo que estaba bien allí. Sé que en carta a su mamá o hermana había contado que sentía pasos por las noches, pero eso lo supe después. Ya estaba en la culminación de la campaña. Me fui y los dejé, con la recomendación de que se cuidara, se lo decía siempre. Él era de poco hablar, pero le habían tomado cariño, era muy humilde y ayudaba en los quehaceres de la casa. En la de los Rojas había sido igual.

“Aquello fue en la tarde, y por la noche sentimos el tiroteo. Chano, el campesino de la casa donde yo estaba, sugirió tirarnos tras unos sacos de café. Casi enseguida se corrió la voz de que se habían llevado a Manuel junto a Pedro. Yo estaba impresionada, indignada, porque no aparecían. Cuando los hallaron fuimos al lugar. Allí los vi a los dos colgados; Manuel, un niño, lleno de punzonazos. Yo pensaba mientras lo miraba: ‘Caramba, era el único hijo de los Ascunce, esto no va a ser fácil para ellos, y el nudo me apretaba la garganta. Aquello no era fácil…”.

Gladys rememora un cake llevado a las montañas por la mamá de Ascunce en alguna visita. Era el cake del cumpleños de Neisa, expresamente pedido por el maestro, el cake helado que tanto revuelo causó en casa de los Rojas. Y concluye el diálogo con una respuesta nostálgica: “¿Lo que más recuerdo?, su nobleza, que era sencillo, respetuoso. Pudo haber dado por concluida su labor, pero se quedó, tenía la intención de seguir enseñando a aquellos campesinos”.

El lazo que unió a Gladys con Ascunce está estampado para la historia. El diploma de honor emitido por la Comisión de Alfabetización del Escambray a nombre de Neisa Fernández Rojas, la única alumna que recibió constancia escrita de haber sido alfabetizada por Manuel Ascunce Domenech, tiene en su parte inferior tres firmas, y una es la del joven maestro. “La tercera es la mía”, nos había dicho la asesora en el primer encuentro.

Ahora, a casi 50 años del suceso, la relación se fortalece, la memoria incita a los recuerdos y la mujer de tez negra sigue sin comprender tanto odio contra esta nación. Ella misma y la obra a favor de la educación del pueblo cubano son ejemplos de que ni los esfuerzos de los maestros voluntarios, ni aquella Campaña de Alfabetización resultaron baldíos.

 

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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