Insulina solidaria

Tres llamadas desde un número desconocido hicieron que Yamilé Lorenzo López, finalmente, atendiera al teléfono. Presumiblemente el interlocutor no debía conocer su número, pero este la sorprendió: “Comunícate con La Habana, marca a este celular, tengo tu medicina”.

Pensó que se trataba de una broma. El día anterior Juventud Rebelde, periódico diario de la juventud cubana, había publicado su inquietud respecto a la falta de insulina en las farmacias de Sancti Spíritus y ya en aquella propia jornada habían comenzado a llegar funcionarios de la Dirección Provincial de Salud para conocer pormenores del caso. Algunos, reconoce dolida, dudaban de la veracidad de sus afirmaciones.

En realidad, la movía un interés colectivo. Diabética desde la infancia, la joven ha sorteado los más insospechados obstáculos. Insulinodependiente, con insuficiencia renal crónica y frecuentes complicaciones que la han colocado en situaciones harto delicadas, no había vivido, no obstante, un momento tan difícil respecto a la disponibilidad del fármaco que la mantiene viva, junto a los desvelos de su madre. “Ni en los peores tiempos del Período Especial”, escribía a la redacción del diario nacional.

Se comunicó con la persona que desde Guanabacoa le ofrecía su ayuda y luego esta (un señor llamado Alberto Mena) la llamó varias veces para ultimar detalles acerca de la vía para hacerle llegar los bulbos del preciado Actrapid.

Como aquella, se sucederían otras sorpresas. Yamilé conserva cada una de las cartas manuscritas, enviadas por correo junto a pequeñas cantidades de insulina, así como los telegramas remitidos con urgencia para que ella supiera que allá lejos, en lugares insospechados, alguien conocía su caso y no sólo se solidarizaba, sino además buscaba la vía de colaborar.

Desde San Miguel del Padrón William, Habana, Cuba,

Impedida de tener hijos por los riesgos que corre, Yamilé se ha refugiado en el cuidado de animales afectivos.

daba cuenta en pocas palabras de su disposición. El trozo de papel entregado por el cartero contenía su teléfono. En Buenaventura, Holguín, Eduardo Carrafeno Ricardo hizo un bulto postal y lo colocó con premura en el Correo. Junto a los bulbos, la explicación acerca de la hermana diabética fallecida en un accidente. “Abrí el refrigerador y al verlos rápidamente recordé tu caso. Yo soy diabético también, pero tipo 2 y con tabletas resuelvo”, decía su misiva, llena de cariño. Arminda López, residente en Tamarindo, Ciego de Ávila, encontró otra manera de hacer el envío: encargó a alguien que viajaba hacia la tierra del Yayabo, quien luego de dar vueltas y más vueltas en bicicleta, desafiando la edad, dio con la destinataria.

Y cuando ya pensó que no habría más donaciones, la pequeña cajita despachada en el Correo de Nueva Gerona y fechada el 4 de noviembre, le hizo saltar nuevamente las lágrimas: una guantanamera aplatanada en la Isla de la Juventud le cedía varias dosis, acompañadas de sus correspondientes jeringuillas desechables. “Avisa cuando te llegue y, por favor, no se te vaya a ocurrir pagarme nada. Soy hipertensa y comprendo tu dolor, ojalá puedas resolver con esto que mi esposo saldrá corriendo a enviarte ahora”, escribía Rodis.

Lo que más le duele a Yamilé es que el medicamento fuera de frío pierde efectividad y no podrá utilizarse. “Ellos se lo quitaron para donármelo”, se lamenta la joven. Con una nueva carta redactada ya para reconocer públicamente a través del periódico nacional las muestras de desprendimiento de estas personas, la trabajadora de 40 años y sonrisa casi permanente siente una mezcla de orgullo y dolor. Suerte que, de acuerdo con la respuesta publicada el pasado jueves 10 de noviembre, ya a partir de este mes se estabilizará la venta de ese renglón imprescindible a quienes lo tienen prescrito por el especialista.

“Ella no escribió para que le trajeran la medicina en falta, sino para hacer notar la influencia del problema en muchos pacientes que padecen la enfermedad en toda Cuba”, acota Teresita, su mamá. “Tú ves que la gente dice que no hay humanismo ya, y que se han perdido los valores. Esto nos confirma que sí hay. Mira cuántas personas se solidarizaron con mi hija, estamos llamando a todos esos hogares o enviando telegramas para que sepan que les agradecemos con la vida”, declara, conmovida.

Yamilé no es alguien ajeno para mí. Creció y debutó como diabética en la misma cuadra donde viví años atrás. Sensible, sencilla y optimista, no suele quejarse por cualquier pequeñez. A propósito del Día del paciente Diabético, que se celebra este lunes 14, hago pública esta historia, cuyos detalles me llegaron hace tan solo horas. Mientras hilvanaba ideas para colocarla en mi blog, recordaba aquella canción de Fito Páez: ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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Una respuesta a Insulina solidaria

  1. Yoly dijo:

    Delia, me ha conmovido esta sencilla historia de humanismo y solidaridad hasta las lágrimas, dichosos los cubanos que contamos con personas como esas, dispuestas a dar un poco de sus vidas por las vidas de otros. Todavía quedan muchos así, y ojalá que no se apague nunca esa luz

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