Niños especiales

Sin que nadie los acose ni maltrate, los niños disfrutan de su escuela. De tan cotidiano, el suceso muchas veces pierde la esencia ante los ojos acostumbrados de quienes lo viven. Que un niño o una niña con necesidades educativas especiales en Cuba sean tratados con particular dedicación y cariño no es ya noticia para ningún cubano.

Me horroricé recientemente cuando alguien colocó en las redes sociales un video en el que aparecen maestros de una escuela estadounidense divirtiéndose a costa del sufrimiento de un niño discapacitado. Huelgan los pormenores, solo menciono la causa del “escarmiento”: el infante se negaba a quitarse el abrigo.

Entonces decidí compartir mis emociones al visitar, días atrás, la Escuela Especial Camilo Hernández Carmona, del municipio de Taguasco, donde pequeños y pequeñas con retraso mental o retardo en el desarrollo psíquico compartían en armonía una jornada normal de clases y de distracción.

Tras muchos años con cierto grado de deterioro, el plantel, fundado en 1982 y radicado en las cercanías del poblado de Siguaney, está siendo reparado. Donde hasta hace poco había cubiertas de fibrocemento ahora se funde placa aligerada. El comedor, distante de los dormitorios y aulas, será habilitado en las proximidades de los mismos y los seis albergues contarán con baño interior. La imagen, del colegio, en suma, se transformará. Ello significa mayor bienestar y confort para los discípulos y el colectivo de trabajadores, cuya cohesión se aprecia a primera vista.

Pedro Aldo Ramos es el director, y trata a cada uno de sus muchachos con una afabilidad envidiable. Con 37 años en el ejercicio pedagógico, dos de ellos en Venezuela, conoce al dedillo cada mecanismo para mover los resortes del alma de sus pupilos. “Hazme el favor, Carlitos, ve allí y dile a la maestra que ya está la merienda lista”, se le escucha decir, y tiene frases cariñosas para Yeniffer, la muchachita que pese a su retraso mental leve resultó ganadora de un concurso nacional de lectura. Yeniffer ha sobresalido también en muchos otros eventos en los que participa. “Es tímida, pero usted la ve siempre queriendo aprender más, es muy respetuosa”, comenta Pedro Aldo.

En el recreo, se juntan por afinidad los niños. Sus rostros lo dicen todo: están tranquilos, nadie los acosa, nadie los lastima, nadie los denigra. Bajo el tímido sol de la mañana se sientan algunos, a conversar y a tomar algún alimento. Los más grandes ayudan a los menores.

En la Biblioteca una mujer que frisa los 40 años atiende a los lectores, que no por especiales dejan de revisar literatura de su agrado, o encomendada en clases. Son 108 en total y seis de ellos no asisten a la escuela, puesto que sus limitaciones motoras o de otra índole requieren de un maestro ambulatorio. En sus hogares, enclavados en Zaza del Medio, La Larga, Taguasco y La Rana, reciben las lecciones y hasta cantan el Himno Nacional junto a un busto de José Martí.

“¡Cuidado ahí!”, exclama alguien para advertirnos que no debemos acercarnos al local mientras es despojado de sus tejas. Provisionalmente los discípulos estudian en otros espacios, pero muy pronto podrán reincorporarse al centro remozado y rejuvenecido. No habrá peligro para ellos.

“¿Cómo se llama nuestra escuela?”, se escucha indagar a la maestra del aula de retardo en el desarrollo psíquico, con unos ocho o nueve pupilos. Las respuestas no se hacen esperar. Miradas más o menos vívidas expresan el conocimiento acerca de lo que se les pregunta. Hablan del lugar donde murió el joven Camilo Hernández, allá en tierra angolana. Recuerdan la fecha de su nacimiento y caída en combate.

“La madre del mártir nos visita con cierta regularidad, se va a poner contenta cuando vea la escuela reparada”, comenta, entusiasmado, el director.

Y nos marchamos, con la certeza de que esos muchachos de uniforme blanco y rojo, amarillo y blanco o carmelita, en el caso de los más grandecitos, son felices allí, donde pasan la mayor parte de la semana. Solo hay que verlos un día como este, en que nadie anunció visitas y todo fluía con normalidad. Lo más importante son ellos, parece decir con su conducta cada trabajador de esta escuela. Y es cierto, la Enseñanza Especial en esta parte de la isla funciona a tono con el tipo de alumnos a los que acoge. Son y serán siempre niños muy especiales.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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