Crónica con el alma estrujada

Milagros junto a su hermano Miguel, mi vecino y amigo.

¿Qué voy a escribir, con el alma estrujada como la tengo hace casi dos días? Me pregunto y no sé responderme. Dejo correr los dedos por el teclado. Una amiga especial me ha pedido una crónica sobre un ser especial, en ocasión tan especial como su muerte súbita.

¿Diré que el último día de marzo del 2010 lo conocí, sin sospechar que llegaría a tomarle tal cariño? ¿Que era el presidente de mi CDR y tuve su disposición para “cualquier cosa que necesites” en cuanto supo que me había mudado a su cuadra? ¿Que nunca supe de verdad a qué se refería su hermana cuando me lo encomendó como “un hombre a todas, para lo que lo llames, ahí estará” hasta verlo, ya exánime, en la madrugada de este jueves 31 de mayo?

No creo que nada de eso la tranquilice. Querrá saber, sin dudas, que Miguel, el hijo de Cuca y Legón, estaba ahí, aunque no le viéramos, ocupado como siempre estaba, primero en sus funciones como agente de Seguridad y Protección (SEPSA) y luego al frente de la cocina de la Primera Unidad de la PNR. Más de una vez nos sorprendió con su sazón, en un plato bellamente servido y adornado. “A domicilio”, como diría en cierta ocasión.

Pero Migue no era tan introvertido como pensábamos mis hijas y yo al comienzo. El vecino serio y en apariencias hosco llegó a ganarse el cariño de mi par de gemelas al punto de hacerlas reír copiosamente con sus chistes, o con sus ocurrencias, como aquella de los granitos plateados, presumiblemente de mercurio, que en realidad eran azúcar en un trago improvisado para alguna ocasión especial en nuestro hogar.

El Migue de Nadia, la niña precoz que fue adentrándose en nuestras vidas hasta formar parte de ella. El Migue de Yemnelis, la esposa generosa y desprendida que nunca piensa en sí. El Migue músico que alguna vez (lamento no conocer los pormenores) integró el coro de claves y alguna otra agrupación de música tradicional. El Migue del barrio, cariñoso, atento y polifacético: “Yo lo mismo soy carpintero que albañil o pintor, lo que haga falta”, decía. El Migue de un millón de amigos.

Siempre que alguien en su familia tenía por delante una fecha especial, ahí estaba él preparando un motivo sorpresa: la cita oculta de la que Yemn no debía saber, donde estarían sus amigas de la Universidad cantándole Feliz Cumpleaños; la visita de Milagritos, su hermana y alma gemela, su Niña, quien al llegar hallaba los más insospechados platos, aunque para encontrarlos hubiera que ir al guayabal más lejano, al intrincado monte en busca de cocos o de algún otro fruto e incluso al mar; el obsequio a Milaine en sus quince primaveras o la fiesta para los 9 años de Melisa, que urdida el propio día de su deceso ya no podrá consumar el lunes que vendrá.

Porque Miguel Antonio Legón Rojas ya no se encuentra entre nosotros. En un último chiste, de mal gusto, se marchó sin el menor aviso. Como dice Arjona en su canción, sin una mentira escrita en un papel, sin despedirse de la vida que tanto amaba y aconsejaba disfrutar.

Migue nos dejó con el corazón en vilo al estallar el suyo en un infarto sin aparente causa. Se fue, apenas concluyó el ajetreo de las atenciones a “su tropa”de la PNR durante los días difíciles de las lluvias estrepitosas de finales de mayo. “Si llegas a ver dónde se paró Migue, la escalerita por la que subió para llevar merienda a sus hombres que trabajaban en la cortina de la Zaza…”, me comentó Yemnelis dos días antes. Había grabado un videíto del momento, pero en la casa dijo que iba a otra encomienda, para evitar el susto. No sabía que el mayor susto de todos en sus 40 años estaba por venir. De lo contrario, habría insistido en que adelantáramos el motivito por la defensa de la tesis de Ana Vivian, donde era pieza clave, y habría brindado con nosotras por ella, como hizo con Enita menos de un año atrás. Habría apretado a Nadia y a Melisa con especial empeño, habría emitido un último consejo a su sobrino Antonio Miguel (bien sabía él que era su guía) o hasta bailado en plena cuadra con su carisma distintivo.

Pero se fue, no más. Y Legón está triste, y Cuca sin razón, y Mila como en una bruma, imaginando que esto no sucedió, que él volverá, con su sonrisa amplia y su broma de siempre.

Se fue, con Yemn sin su asidero al borde del abismo por el que no caerá, con planes sin cumplir, con sueños por tocar. Con Yemn repitiendo a cada momento qué nos hiciste, Migue, qué nos hiciste. Se fue con flores, muchas flores, de amigos y colegas, de la familia larga como la cola de un largo papalote, de la familia vieja que ahora estará sin él como muleta.

Así no más, se fue. Y yo, a punto de estallar en lágrimas por enésima vez desde la madrugada de este jueves, no sé escribir para la amiga que me ha pedido la más difícil de las crónicas.

 

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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