Cuentos de Yayi Proenza

Del libro de mi papá Desde mi esquina en Guisa, aquí les van tres cuentos.

Del libro de mi papá Desde mi esquina en Guisa, aquí les van tres cuentos.

Tres cuentos de primer libro de papi, narrados por mi abuela Aya, hermana del famoso Gerardo Ginarte, quien fuera todo un personaje en el pueblo.

TE LA ARRANCO

Yo quiero hablar de dos personas muy conocidas aquí; de algunas cosas de ellos. Uno, que seguro todos lo recuerdan por sus cosas, es tío Gerardo; y el otro menos conocido, pero de seguro todos recordarán por lo que voy a decir.

Este último era campesino, dueño de una poderosa y rajada voz de centella cargada de zetas y del modo de hablar de campesinos. Vivía cerca del pueblo, en Loma de Piedra, con Cándida, su mujer. Se llamaba Carlos Martínez y le decían Molleja.

Cándida era católica, pero de esa que visitaban la iglesia una vez al año: los 19 de marzo, día de San José, patrono del pueblo y alrededor de cuya fecha se hacían las fiestas.

Pues un día de San José por la mañana, se efectuaba la misa cantaba que todos los años y un día como ese era dedicada al santo patrón del pueblo. Como era la actividad más importante de la iglesia después de la procesión y estaba el monseñor Pérez Cerante, arzobispo de Santiago y dos o tres curas de Bayamo, pues la iglesia estaba de bote en bote, no cabía una alma más.

Mientras aquello pasaba en la iglesia, muchas personas se divertían en  otras cosas: oyendo los poetas improvisadores, comiendo o bebiendo. Carlos estaba por allí en algo de eso con un grupo de amigos, y de repente se para bruscamente, da una patada en el suelo, que entonces era de cagajones, y se dirige a la iglesia, donde él sabía que estaba su mujer. En cuatro zancadas ya estaba el hombre plantado en la entrada, con sus largos brazos extendidos y las manos apoyadas en cada lado de la ancha puerta y exclama, con el vozarrón que ya les dije y que muchos aquí recordarán:

–          ¡¡Cándida!! – pero nadie responde. Los fieles y el grupo de curas continúan en sus oraciones con las rodillas en el suelo. Parecía como si nada hubieran oído. Entonces el vozarrón de Molleja sonó con más fuerza:

–          ¡¡¡Cándida!!!

La iglesia se estremeció, la mujer se puso de pié y miró a su marido hecho una cruz allí en la puerta.

–          ¿¡¡Me quitazte el berraco del zol, mujer!!?

La pobre Cándida no responde, sólo atina a pasear la mirada desde su marido al grupo de curas que han suspendido su oración y del grupo de curas a su marido, que resuella gordo allí como un espantapájaros, en la puerta del templo.

–          ¡Mujer…mujer! – continúa molleja con voz medida, y luego con toda su caña:

–          ¡¡¡Zí meze ajoga el berraco por eztar tú adorando zantoz de palo te arranco una teta!!!  ¿¡¡ Me habéi oído, Cándida!!? ¡¡¡ Te la arrancó!!!

 

LOS MANGO ERAN CHIQUITOS

 

Ahí les va otro de Molleja.

Molleja está sentado en una de las raíces de la frondosa anacahuita que se encuentra frente al parque, junto a las ruinas de la antigua iglesia, la que fue destruida cuando la toma de Guisa por los Cambises a fines del pasado siglo.

Gerardo Ginarte – Tío Gerardo- hombre de chistes y de chuscadas, andaba por allí haciendo su fiesta: dándose el trago y diciendo sus chistes y sus cuartetas, cuando mira y ve a Molleja, a quien tío siempre buscaba la lengua  para orilo hablar porque ya sabemos como hablaba Molleja, y que era brutón, pero decía las cosas con mucha gracia. Tío pensaba fastidiarlo y se le acerca:

–          Hola Carlos Martínez, tú aquí apartado cuando todos se divierten. ¿Qué, no piensas correrla, compay?

–          ¡Zíi, GInarte, ezo pienzo, pero me eztaba dezayunando antez de entrar  en juerga. Hoy  ze mamó la ternera: no hay leche en caza, compay!

–          El pueblo está de fiesta Carlos: hay mucho que comer aquí y que beber.

–          Prezizamente, Gianrte, ¡y barato! Horitica mizmo compré zien mangoz toledoz que zon loz que me guztan, y como ya podei ver acabo de comérmeloz; total, zon baratoz, zolo coztaron quinze zentavoz.

–          ¡Cómo cien mangos! Yo sólo veo un saco vacío; y las cáscaras, Carlos, ¿dónde están?

–          ¿Laz Cázcaraz?. Me laz comí

–          ¡Aah! Es decir: ¡te haz comido cien mangos con tó y cáscaras! ¿y las semillas, Carlos, donde están? Quiero contarlas – preguntó tío con la sonrisa verde bailándole en los ojos. Y Carlos Martínez, que ya se imaginarán por que le decían Molleja, abrió el bocón y dijo, como si tal cosa:

–          Baah, parezei vo zenzillo, Ginarte; ¿Quién ha vizto votar zemillaz de mango toledo?

 

UNA BOCA MÁS

 

Ahora, y para retirarme, uno de los tantos cuentos que tiene tío.

Sucede que tío y Juan Mora eran carpinteros y entre los dos tenían una pequeña carpintería, pero tío era el socio principal. Ellos eran como dos mulitos de los que tío era el de guía; siempre andaban juntos y se trataban de compadres, eran compadres de voluntad y buenos amigos.

Los dos compadres, además de trabajar juntos, bebían juntos; pero un día andando de tragos se disgustaron y el compadre Juan mentó la madre al compadre Gerardo, que además de ser chistoso y jaranero tenía su poco de mal genio. Tío se sintió ofendido y fue y se buscó un mocho y se apostó en el tallercito de carpintería y, al otro día, cuando Juan fue a entrar – todavía medio borracho – llega tío que andaba igual, y le cae con el mocho. Le dio varias heridas y si la gente no acude pronto quizás va y lo mata.

Entre los tantos piquetes que recibió Juan había uno sobre el labio de arriba, al mismo hilo de la boca. Pasaron tres o cuatro días sin verse los dos amigos, pero cuando se toparon y Juan con su esparadrapo entre la boca y la nariz, hablando con dificultad, dísele a tío:

–          ¡Coño, compay Gerardo, un poco más de mocho y me jode usté! – y tío con aquella sonrisa verde que les dije bailándole en los ojos, y moviendo la cabeza como si dijera no, respóndele:

–          Bueno, compay Juan, ya está usté completo; tiene lo que necesitaba: ¡Dos bocas; una pa´ que coma y otra pa´ que miente madre!

 

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
Esta entrada fue publicada en batalla, CUBA, cuento, Galinena, gracejo, GRANMA, GUISA, heroica, Historia, iglesia, ignorancia, INTELECTUALES, lecturas, LIBERTAD, noviembre, popular, pueblo, Santa Rita, sargento, vida. Guarda el enlace permanente.

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