Reza por Crimea

 

Reza por Crimea

Delia Proenza Barzaga

Pude llegar hasta la tercera oración. Ahí me ahogué en llanto. No en el llanto de alegría que suele asaltarme cuando recibo cartas suyas, pocas, por cierto en estos 30 años, sobre todo en las últimas dos décadas. Alguna vez fue clara en la expresión; solo tenía cosas tristes qué contar y para angustiarme mejor no escribía. Pero esto de ahora, tras varios correos de insistencia de mi parte, me partió el corazón: “Nastia y yo estamos con Sasha (su papá) en Canadá. Mamá y papá, en Crimea. En Kiev hay nazistas al poder”.

Ya lo he visto por la televisión, lo he leído y hasta lo he imaginado: Ucrania dejó de ser hace mucho tiempo el dechado de virtudes de la época del CAME, cuando ella y yo nos conocimos en las aulas universitarias y sembramos una amistad que casi compromete venas (las suyas con sangre mitad ucraniana, mitad bielorusa), funde almas y contagia hijos.  Allí derrumban a golpe de mandarria monumentos e inscripciones talladas en el más duro metal, reniegan del pasado soviético, propugnan la limpieza étnica y hasta arremeten contra el idioma ruso, en el que habla más del 60 por ciento de la población. Pero Natasha era mi fuente más exacta y finalmente dio señales.

“Qué rumbo tomarán las cosas, nadie lo tiene claro. Le rezamos a Dios. Papá tuvo un infarto el verano pasado”. Luego de pormenores familiares, indagaciones por mis “niñas”, por mi salud. Un beso.

Hoy complace mi desesperada solicitud de ayer. Vuelve a escribir con nuevas: “En Crimea tranquilidad no hay, como en ningún lugar de Ucrania. Los nazistas han arrastrado hacia sus filas a los jóvenes, incluso a casi niños. Con dinero norteamericano les enseñaron la agresión contra su propio pueblo. El hijo de mi amiga en Zaparozhe se lió con los abanderados nazis. Difícil trasmitir su angustia. Veinte años de propaganda hicieron lo suyo. La gente es necia, cree que Europa los necesita. A Europa solo le hace falta el comercio en cualquier parte, a América (Estados Unidos), desplegar sus bases militares en territorio ucraniano. Kisa (apelativo cariñoso con que suele dirigirse a mí), reza por Crimea”.

Imposible borrar las atenciones de mamá Frida y papá Zheña, ahora un par de viejecitos enfermos y sufridos en un suburbio de la región de Krasnodar. De los demás, cero noticias al menos por su vía. ¿Qué será de la rebuena de Irina, con quien compartí cuarto, y del claustro de profesores que nos volvió profesionales?

Los medios traen y llevan reportes, pero hay cosas de Ucrania que viajan en círculo cerrado, como ese de RIA-Novosti acerca de un encuentro con líderes de la resistencia antifascista, que daba a conocer cosas terribles: la presencia en algunas regiones de grandes números de instructores norteamericanos, alemanes, israelíes y, sobre todo, polacos.

Según el propio reporte al menos tres ciudades dejaron de ser seguras para los rusos y ruso hablantes, hay decenas de desaparecidos (activistas de la autodefensa de Dnepropetrovsk y Donetsk). Se habla, en suma de la intervención cerrada de EE.UU. y de la Unión Europea, en tanto las autoridades rusas aseguran que no se puede negociar con gente armada y con máscaras.

De acuerdo con la página digital El Adversario Cubano, el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, ha declarado: “Una Ucrania soberana, independiente y estable, firmemente comprometida con la democracia y el estado de derecho, es clave para la seguridad euro atlántica”.

No sé a ciencia cierta si los habitantes de Crimea hacen bien en anexarse a Rusia, pero al menos me reconforta saber que esa es, por ahora, la forma más segura de salvar sus vidas. Desconozco cuáles serán las próximas noticias de Natasha. Aún aturdida por sus dos últimos mensajes estoy segura de que a quienes vivimos en aquellas tierras nos toca rezar no solo por la península bañada en el mar Negro, cuyas aguas tantas veces nos refrescaron, sino por Ucrania completa y hasta por todo un continente con implicaciones sobre la humanidad mucho más serias de lo que imaginan los novatos enmascarados que hoy apuntan al pecho de su pueblo con armas y doctrinas extranjeras.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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