Que el amor no se pase de moda

Se guarecía en losbrazos femeniles cual ave perdida en busca de  nido. Acariciaba a la mujer tiernamente, le daba y pedía abrazos, le hacía preguntas, se le colgaba del cuello, le hablaba en un susurro y alguna que otra vez le estampaba un beso, como quien roba algo. Ella, sin alzar la voz ni dejar de mirarlo, aceptaba las muestras de cariño, abrazándole y dando respuesta a cada interrogante.

Recordé aquel fragmento de la canción de Silvio: se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar y me dije que una mujer se estaba perdiendo algo precioso. Sospechaba que quien recibía las caricias del niño no era su madre, y él lo confirmó con una frase que alcancé a oír desde mi banco en la Clínica: “…pero yo antes no te conocía”.  

 Quise saber más del infante, y supe: vive de casa en casa, el mayor tiempo con su padre. Habla de su mamá como de un ser querido, algunas veces. Otras recuerda, sin apenas modificar el tono, que le da “leña” y lo deja sin comer. “Él la adora”, precisó la acompañante, una parienta lejana que se ha tomado en serio la atención estomatológica del pequeño. Entonces confirmé que a la madre ausente le asistía el privilegio de un hijo capaz de dar amor sin recibirlo.

 Tierna, triste, conmovedora escena. Sobre todo si se escucha luego la explicación de la doctora Amparo Muro, especialista en Psiquiatría Infantil y jefa del Departamento de Salud Mental en el Hospital Pediátrico Provincial: “Esas primeras etapas son decisivas para el normal desarrollo de un menor. Podríamos decir que las adquisiciones más importantes se producen en los primeros años de vida, y la familia cumple una trascendente función socializadora, al brindar seguridad y confianza para todos los aprendizajes, también le va proporcionando al niño el cariño necesario para sentir que es hermoso haber nacido, emprender la gran aventura de vivir”.

 Dolorosa escena. Sobre todo si se conoce que este 15 de mayo se celebró el Día Internacional de la Familia, y que Cuba, con todas sus garantías en materia de atención a la niñez y a la adolescencia, todavía lamenta casos como el narrado.

 “El infante necesita sentirse querido, seguro; lo cual lo exime de manifestar temores y ansiedades. Necesita aceptación, la procura continuamente, trata de hacer lo que los adultos quieren que haga”, amplía Nila Roche, psicóloga del citado hospital, y agrega que la estimulación afectiva, unida a los cuidados físicos, constituyen los elementos básicos, imprescindibles, para lograr una personalidad adecuada.

 No obstante, muchas de las situaciones de menores que se atienden en las consultas de Psicología y Psiquiatría de la provincia tienen su origen justamente en la falta de afecto, y hasta en descuidos de otra índole relacionados con ellos. Varios especialistas de estas ramas refirieron a Escambray el nocivo efecto del maltrato psicológico.

 A pesar de la tendencia sobreprotectora que existe en los hogares cubanos, aproximadamente el 70 por ciento de los asuntos tramitados por las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, que rectora la FMC, están estrechamente ligados a la desatención familiar, algunas veces matizada con violencia y casi siempre con falta de afecto hacia los más pequeños.

 “Se dan casos de maltratos físicos y de prohibiciones en cuanto al derecho del padre o la madre a visitar y tener consigo al infante”, detalla Milagros Plasencia, miembro del secretariado provincial de esa organización que atiende el trabajo comunitario. Experiencias parecidas se registran en el Centro de Orientación a Jóvenes, Adolescentes y la Familia (COJAF), y en el Grupo Provincial para la Divulgación de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia. A todos esos sitios se puede acudir en busca de ayuda especializada.

 Para evitar realidades como la relatada y lograr un desarrollo emocional adecuado en los hijos, los especialistas recomiendan: Prestar atención cuando se comporte adecuadamente, elogiar su conducta, abrácelo, béselo; comparta la mayor parte de su tiempo, escuche sus problemas y trate de conocerlo; déle afecto, seguridad y confianza.

 Permítale expresar sus emociones de enojo, ira, miedo, independientemente de que sea hembra o varón; háblele de buena manera, no le grite ni lo golpee y búsquele una tarea que hacer en la cual descargue su disgusto o su rabia; use la supresión de un privilegio y otras formas de disciplina para establecer límites, sin humillarlo. Enséñele a aceptar responsabilidades por su comportamiento negativo, oriéntelo; déle consuelo en situaciones estresantes.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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