Orestes Guerra y el sombrero de Camilo

Orestes Guerra 1

“Oye, Saro, ¿tú sabes que Camilo se enamoró de mi sombrero y se quedó con él?”. “¿¡Cómo!?, ¿y ahora qué te vas a poner cuando vayas al llano?”. “Bueno, me compraré otro. ¿Qué iba a decirle con lo que le gustó? Mira, me regaló esta gorrita, ¿me luce?”. “Pues vea que sí, te luce”.

Joaquín González acababa de llegar, sudoroso, luego de una larga cabalgadura desde Los Altos de la Jeringa. Allí, entre robles, palmas, cedros y pinos, con el ruido semilejano del río Yara como fondo, había tenido lugar un suceso que recordaría por el resto de sus días.

Desde que lo vio entrar sin la hermosa pieza con que salió en la mañana para cumplir una encomienda de Celia Sánchez en La Mesa, donde se encontraba Fidel, la joven esposa adivinó que algo grande había sucedido.

“Él casi ni se lo ponía, m’ija, lo tenía colga’o en la pared, dentro de un nailon, para cuando bajara al llano, ¡si era nuevecito! Pero siempre se sintió orgulloso de habérselo regalado”, cuenta ahora Lázara Corría Domínguez, pasados tres años luego del fallecimiento de su esposo en la oriental Providencia, municipio de Bartolomé Masó, Granma.

Arde aún de emoción al relatar los pormenores de aquel diálogo y no cesa de lamentar la furia del ciclón Flora, “que nos dejó sin nada, nadita, m’ija, y pa’ más desgracia hasta la gorra kepi aquella que Joaquín había guardado de recuerdo se la llevó. Las casas Fidel nos las mandó a hacer luego, pero acá, un poco más abajo”.

A su llegada a La Habana el 8 de enero de 1959, Camilo llevaba el sombrero regalado por Joaquín González.NO EL PRIMERO, EL PREFERIDO

“Camilo lo mismo usaba una boina que un sombrero de cualquiera y andaba con él, pero ninguno le gustó. Él ya había usado otros, no de los buenos. Había usado incluso en los primeros días, luego del  desembarco, un casco de fibra de esos que van dentro de los cascos de los guardias, de los chiquitos, pero se lo hicieron botar porque estábamos ya en otro lado donde no nos conocían y podían confundirlo”.

Los detalles los aporta el entonces capitán Orestes Guerra González, jefe del Pelotón de Vanguardia de la Columna No. 2 Antonio Maceo, quien fuera testigo excepcional del acontecimiento, que él fija a finales de junio de 1958. Hoy Coronel retirado, cuenta que aquel día Camilo vio a su primo Joaquín (ambos eran nacidos en Calambrosia, zona de Yara) con el sombrero tejano, muy bonito, de un gris oscuro, y enseguida se enamoró de la prenda.

“Estábamos conversando. Camilo ve el sombrero, lo coge en sus manos, se lo prueba y dice: ‘Este sí me gusta. Está bueno para los soles esos de los llanos. Me queda bien, ¿verdad?’. Entonces Joaquín le contesta: ‘Si a usted le gusta y le conviene, es suyo’. Camilo añade: ‘No, eso es una jarana que yo tuve con usted, ¿cómo yo le voy a quitar su sombrero?’, y Joaquín insistió: ‘Yo soy ahora el que quiere regalárselo’. Entonces él se empezó a  reír y se lo puso, agregando: ‘Bueno, si tú me lo regalas, yo no te lo voy a despreciar’, y se quedó con el sombrero”.

A partir de entonces la pieza acompañó al jefe rebelde por largo tiempo, parte de él con una estrellita de oro prendida en la porción delantera de la copa. Esta había sido encargada a un orfebre por unos campesinos expresamente para que Camilo la portara en el sombrero alón que empezó a integrarse a su imagen guerrillera. “Cuando entró a La Habana, luego del triunfo revolucionario, aún lo llevaba”, enfatiza Orestes. Sin embargo, el hermoso tejano no permaneció incólume, pues fue víctima de un accidente como consecuencia del cual recibiría tres perforaciones.

“Un día estando en Las Villas, en General Carrillo —cuenta el combatiente—, Alby Ochoa se fue a montar en una camioneta, resbaló y dio en el piso con la culata del fusil. Camilo estaba montado ya y la ráfaga de disparos le alcanzó el sombrero por entre la copa y el ala. A él no le pasó nada, ni se asustó. Yo no sé hasta cuando anduvo así, con los tres huecos, pero me consta que el primer sombrero bueno de Camilo tenía tres orificios”.

Mas, no fue el regalo de Joaquín González el único objeto de su tipo usado por el jefe de la Columna No. 2. Después vendrían otros. De los más importantes por su significado, dos se conservan en el capitalino Museo de la Revolución.

Gerónimo Besánguiz Legarreta, director del Museo Nacional Camilo Cienfuegos, de Yaguajay, detalla su procedencia: “Uno de ellos lo llevaba Camilo el 26 de octubre de 1959, cuando habló al pueblo en La Habana, y lo lanzó al aire. La persona que lo alcanzó lo hizo llegar luego a Raúl Castro. El segundo es el que usaba el propio día de su desaparición. Antes de abordar la avioneta que lo trasladaría a Camagüey el Comandante Félix Torres conversó con él y en esa oportunidad intercambiaron sus sombreros, así que el de Camilo, más viejo, se quedó en tierra y fue donado igualmente”.

Allá, en Providencia, Láraza Corría desconoce adónde fue a parar el elegante tejano que fuera de su esposo, pero dice poder reconocerlo por la horma. Mientras tanto, se consuela con una idea para ella inequívoca: Camilo lo traía puesto cuando se le tomó la foto que identifica los billetes cubanos de 20 pesos.

Nota: Según la información ofrecida por Annia Feliú, especialista del Museo de la Revolución, el primer sombrero mencionado por Besánguiz fue entregado a Raúl por Osmany Cienfuegos, y en cuanto al segundo no se han encontrado pruebas que confirmen el relato, por lo que aparece sólo como usado por Camilo. Ninguno de los dos objetos está perforado.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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