Mi Quijote Yayi

Foto tomada por mis hijas en el verano de 2009, meses antes de su mudada a Bayamo.

Foto tomada por mis hijas en el verano de 2009, meses antes de su mudada a Bayamo.

Nunca olvidaría el nombre completo de mi madre, ni aquel apelativo con el que él mismo me apodó. Ni siquiera en los momentos demenciales, cuando sus fantasías le llevaban a salir de mañanita, en busca de hierbas para aquel caballo del padre que se multiplicaba en varios; o a llamar a Mamá, tal vez creyéndose de nuevo niño; o a acudir pronto a la escuela que no podía descuidar, “vamos, vamos, vamos”, tal vez rememorando sus años de docencia.

¿Dónde está la negrita más linda del continente?, solía preguntar, gozoso, a metros de distancia cuando llegaba a la casa. Yo me abalanzaba sobre él y él, agachado, me prodigaba el abrazo más efusivo del mundo mientras reía a carcajadas. Muchos pulsos que le gané, en una competencia donde mi brazo diminuto terminaba siempre venciendo al suyo. La porfía se repetiría incluso ya en Bayamo, durante mis visitas, cuando la fuerza de su diestra no mermó por delicado que fuera su estado de salud.

Solíamos jugar a los abraca’os tumbados sobre la cama chiquita, la del cuarto de mis hermanas. El retozo de entonces me ha perseguido todos estos años, en un intento por suavizar los rasgos más ásperos de su carácter, que lo llevaron a colocarse, a veces, en una posición de desventaja. No obstante, he comprobado no sin regocijo que muchos le querían bien en aquel pueblo casi macondiano donde se empinó antes de la adolescencia, en un esfuerzo por ganarle a las vicisitudes de la vida: primero en la zapatería familiar, que después pasó a pública (de ella guardo olores, imágenes y recuerdos sonoros, ¿cómo no, si radicó por muchos años en nuestra casa?); después en sus funciones de historiador autodidacta, dadas las incontables lecturas que él y Mami compartían en la cama; en sus responsabilidades de la Defensa Civil, la dirección política del municipio, la del Museo Municipal, su condición efímera de profesor de Secundara Básica, porque eso de aguantarle a nadie exigencias absurdas, qué va; o el cargo de delegado del Poder Popular durante los tres primeros mandatos. Mucho que nos reíamos cuando Mami bromeaba con aquello de tumbar algún horcón para que la vivienda se viniera abajo “a ver si Yayi nos socorre y termina de llover más adentro que afuera”.

Mi viejo siempre fue mi más ferviente crítico, aunque en el fondo sentía orgullo de que hubiera seguido sus pasos en eso de la escritura que le llegó a destiempo. No tuvo a mano muchos materiales compuestos por mi, pero lo imagino haciéndolos trizas. “¿Mi’ ja, usted se cree que canta bien?”, me sepultó una mañana en que ensayaba una de mis canciones favoritas que, ni corta ni perezosa, llevé a un festival regional estudiantil.

“¿A quién habrá salido esta muchacha tan protestota y testaruda?”, se quejó cierta vez, seriamente enfadado. “A ti!”, le respondí, igualmente ofuscada. La risa que siguió me confirmó la presunción.

Su olfato de periodista frustrado (“un periodista crítico, muy crítico”, subrayaría) asomó aquel día de diciembre de 2009, cuando intentando reparar sus neuronas dañadas y reavivar las remembranzas, me sorprendió con un emplazamiento: “Habría que ver qué has hecho tú (remarcó el pronombre) para que tu periódico sea uno de los mejores de Cuba”. Se había mudado a Bayamo días antes, luego de años de intentos para persuadirlo que siempre terminaban con el mismo argumento: “Todo lo que he sido y soy se lo debo a este pueblo”. Seguro por eso después de su partida no volvió a ser el mismo, aunque continuó plasmando en el papel, sobre su indefectible tablita, ideas en prosa o en poesía que casi nunca llegaron a constituirse en textos completos.

“Tómate este batido de mangos biscochuelos de los que te mandaron la gente de Cultura, recogidos en las lomas de Guisa”, le dijimos mi hermana y yo el penúltimo día en que nos tuvo al pie de su cama minuto a minuto, mientras le dábamos un puré frío, cargado con sustancia de pollo. La próxima mañana se despertó con nuevos bríos y desdijo su rechazo a lo tibio al ingerir en cucharadas media taza de café con la leche de una vaca pinta ordeñada a las 4:00 de la madrugada, expresamente para ti, chiquito, en algún lugar montañoso, no la desprecies, vamos, ¿qué va a decir el campesino?

Y describimos el homenaje, papi, que ya están preparando, tú sabes que es a ti a quien quieren allí y no a nadie más, porque Alcolea aspiraba, pero qué va, no te llega ni a los talones, jajaja. Y hasta un editor extranjero anda solicitando tu libro completico para que se publique en su idioma, y tú verás cuando te empiecen a caer los dólares por ese libro cómo Alcolea se va a morir de envidia. El asomo de sonrisa socarrona mezclada con el orgullo en la mirada desterró el manto lúgubre que le cubrió el semblante exactamente a la 1:30 de aquella madrugada.

Entonces revivimos recuerdos muy escondidos en la memoria de los tres, algunos recogidos en sus libros de anécdotas y recuentos sobre pasajes de la historia local o personajes populares. Otros, como el cuento de Heberto Góngora y Tíngala están por escribir y hasta de esa encomienda que nos dio, silencioso, hablamos en aquella mañana del 31 de julio, cuando, aseado hasta el último poro y ataviado en sus mejores galas, esperó la visita de un doctor eminente, papi, que viene a verte especialmente a ti, mi’ jo, porque sabe que estás luchando por vivir y alimentándote, ¿verdad, viejo?

Como ráfagas, quiero pensar, pasaron por su mente la breve infancia en Media Luna, la familia allá en Santa Rita, donde los hermanos pequeños esperaban mientras él ganaba unos pesos junto a Nené, el otro de los mayores; el momento en que se conocieron Mami y él en una iglesia, allá por el 1953 ó 1954; los primeros dos hijos en Dos Brazos de Turquino y luego las otras dos en Guisa, las tardes y las noches en la EOC, gracias a la cual venció primero el sexto y luego el noveno grados, los partidos de dominó en el patio de Eduardo Guerrero, nuestro vecino; la asesoría a alumnos de cualquier edad en cuestiones de historia local cuando ya vivía solo y el momento en que le declararon personalidad de la Cultura en el pueblo. Allí quiso volver, para ser velado, como decretó cierto día la secretaria de su núcleo partidista en un oportuno arranque que él narraría en aquella carta de 2001 y que tomaría cuerpo en el agasajo post mortem que ni él imaginó.

Sin un reproche, sin un suspiro, sin un lamento, con una dignidad a toda prueba prolongó su existencia exactamente hasta lo permisible. Terco, como para no dar su brazo a torcer aunque con acciones demostrara otra cosa. Docto y venerable, sin palabrejas que nunca compartió ni se le fueron, aún en los desvaríos. Amigo de elogios, porque sabía distinguir muy claramente cuando alguna obra estaba “bien lograda”, como solía decir. Y dijo adiós, tan quedo como para que no lo percibiéramos, con algún movimiento de piernas o de manos, una mirada casi inescrutable y esas lágrimas que quiero imaginar involuntarias, porque de llantos, eso sí, no era Eliades Proenza.

¿Dónde está la negrita más linda del continente?, escucharé este día 30 de agosto, y aún el 31, cuando ambos cumpliremos años. Entonces sentiré mi mano en la suya, en el último instante, y volveré a exclamar, como lo hice a solo cinco días de aquella despedida, sin mentir ni en un ápice: “¡Nancy, me ganó de nuevo en un pulso, no lo puedo creer!”

 

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
Esta entrada fue publicada en Alcolea, Bayamo, Defensa Civil, demcnail, fantasía, Museo Municipal, ntasía, personaje, personalidad, Poder Popular, post morten, pulso, Secundaria Básica y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Mi Quijote Yayi

  1. Pingback: Mi Quijote Yayi | Noticias de mi Tierra

  2. Luis Orlando León Carpio dijo:

    Precioso, Delia, precioso, he terminado de leer con un nudo en la garganta. Por lo que parece, fue un gran hombre tu padre…

    • cubaicani dijo:

      Gracias, Liis Orlando, a esta hora estábamos dando la noticia aún. Te agradezco mucho ese nudo, lo tengo ahora mismo. Acabo de publicar otro sobre mi madre…varás la relación de hechos.

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