Tres cuentos más de Yayi

 

Durante una de sus frecuentes charlas en el portal de la casa, en Guisa, donde solía escribir.

Durante una de sus frecuentes charlas en el portal de la casa, en Guisa, donde solía escribir.

Coloco otros tres cuentos de Eliades Proenza (Yayi), mi papá, atendiendo a la acogida que tuvieron los primeros. Se los debo a los guiseros y a otras personas que lo conocieron y gustan de sus textos, jocosos, como los protagonistas que se los contaron a él.

LOS MANGOS ERAN CHIQUITOS

 

Ahí les va otro de Molleja.

Molleja está sentado en una de las raíces de la frondosa anacahuita que se encuentra frente al parque, junto a las ruinas de la antigua iglesia, la que fue destruida cuando la toma de Guisa por los Cambises a fines del pasado siglo.

Gerardo Ginarte – Tío Gerardo- hombre de chistes y de chuscadas, andaba por allí haciendo su fiesta: dándose el trago y diciendo sus chistes y sus cuartetas, cuando mira y ve a Molleja, a quien tío siempre buscaba la lengua para orilo hablar porque ya sabemos como hablaba Molleja, y que era brutón, pero decía las cosas con mucha gracia. Tío pensaba fastidiarlo y se le acerca:

  • Hola Carlos Martínez, tú aquí apartado cuando todos se divierten. ¿Qué, no piensas correrla, compay?
  • ¡Zíi, GInarte, ezo pienzo, pero me eztaba dezayunando antez de entrar en juerga. Hoy ze mamó la ternera: no hay leche en caza, compay!
  • El pueblo está de fiesta Carlos: hay mucho que comer aquí y que beber.
  • Prezizamente, Gianarte, ¡y barato! Horitica mizmo compré zien mangoz toledoz que zon loz que me guztan, y como ya podei ver acabo de comérmeloz; total, zon baratoz, zolo coztaron quinze zentavoz.
  • ¡Cómo cien mangos! Yo sólo veo un saco vacío; y las cáscaras, Carlos, ¿dónde están?
  • ¿Laz cázcaraz?. Me laz comí
  • ¡Aah! Es decir: ¡te haz comido cien mangos con tó y cáscaras! ¿y las semillas, Carlos, dónde están? Quiero contarlas – preguntó tío con la sonrisa verde bailándole en los ojos. Y Carlos Martínez, que ya se imaginarán por qué le decían Molleja, abrió el bocón y dijo, como si tal cosa:
  • Baah, parezei vo zenzillo, Ginarte; ¿Quién ha vizto votar zemillaz de mango toledo?

 

UNA BOCA MÁS

 

Ahora, y para retirarme, uno de los tantos cuentos que tiene tío.

Sucede que tío y Juan Mora eran carpinteros y entre los dos tenían una pequeña carpintería, pero tío era el socio principal. Ellos eran como dos mulitos de los que tío era el de guía; siempre andaban juntos y se trataban de compadres, eran compadres de voluntad y buenos amigos.

Los dos compadres, además de trabajar juntos, bebían juntos; pero un día andando de tragos se disgustaron y el compadre Juan mentó la madre al compadre Gerardo, que además de ser chistoso y jaranero tenía su poco de mal genio. Tío se sintió ofendido y fue y se buscó un mocho y se apostó en el tallercito de carpintería y, al otro día, cuando Juan fue a entrar – todavía medio borracho – llega tío que andaba igual, y le cae con el mocho. Le dio varias heridas y si la gente no acude pronto quizás va y lo mata.

Entre los tantos piquetes que recibió Juan había uno sobre el labio de arriba, al mismo hilo de la boca. Pasaron tres o cuatro días sin verse los dos amigos, pero cuando se toparon y Juan con su esparadrapo entre la boca y la nariz, hablando con dificultad, dísele a tío:

  • ¡Coño, compay Gerardo, un poco más de mocho y me jode usté! – y tío con aquella sonrisa verde que les dije bailándole en los ojos, y moviendo la cabeza como si dijera no, respóndele:
  • Bueno, compay Juan, ya está usté completo; tiene lo que necesitaba: ¡Dos bocas; una pa´ que coma y otra pa´ que miente madre!

 

Ahora que Balbina nos ha referido esos tres relatos con mucha gracia por cierto, y no habiendo más mujeres aquí, voy a leerles uno enviado por Olga Araujo. Ella fue invitada a este encuentro, pero tiene problemas en la familia y no va a estar. El título que le da es el siguiente:

 

¡PORSIA!

 

Cuentan viejos campesinos de la zona que la escuela de El Sordo funciona ahí desde el año 26 o desde el 25 y que se debe a gestiones de Manuelico Piñera, quine logró conseguirla seis ó siete años para Bombón con los políticos bayameses, aportando él los materiales, los campesinos la mano de obra y los políticos el maestro. Luego, esa primera escuela de Bombón se trasladó para El Sordo.

Sucede que mi mamá, Margarita Ruiz, maestra de certificado, fue nombrada por resolución ministerial –porque así era entonces- para trabajar en esa escuela, y cuenta ella que esa zona, como todas las de estas montañas, era sumamente atrasada, poco menos que salvaje y ocurrían cosas realmente bárbaras. Pero de esas cosas bárbaras ocurridas en esta serranía que ella contaba, a veces riendo, hay una que, sin ser un hecho gracioso, me hace gracia ahora que hay gente con cierto desarrollo: tienen luz eléctrica, radios, televisores, refrigeradores, teléfonos, médicos y hasta taxis.

Y fíjese, yo nací en el 26, en Santiago de Cuba, pero prácticamente me crié en El Sordo. Después fui para Santiago hasta que me gradúe de maestra normalista. Entonces regresé a esa zona a trabajar, y cuando mamá se jubiló, me dieron esa escuela donde laboré hasta que yo también me retiré. Conozco bien la zona y recuerdo los farallones, riscos y pantanos que habían en todo ese camino, y a cualquiera que haya conocido eso, le será fácil imaginar mi asombro cuando veo en un taxi nuevecito pasar algún campesino viejo, de esos que fueron alumnos de mi mamá hace sesenta años o míos hace más de treinta. Luego, mirando esto, río, me hace gracia; al igual que cuando ese taxi lo deja en la puerta de mi casa y sigue loma arriba.

Bueno, contaba ella que cuando comenzó a matricular los niños para su primer curso empezaron a llegar los campesinos con sus hijos, algunos hasta con tres o cuatro. Luego llega uno con el suyo a caballo. Los dos se desmontan y entran. Uno sujeta su niño con una mano y en la otra trae un garrote, saluda y –a su manera- pide que se lo matriculen. Hecho este trámite, uno entrega el garrote y mamá, un tanto perpleja, pregunta:

-¿! Y esto que es!?

-Ya puede usté ver, señora maestra: un garrote- responde uno.

-¿! Un garrote!?

– Si, un garrote, porsia, como usté es nueva aquí va y no tiene.

-No, no tengo, ¿Pero…para que necesito yo garrote?

-Bueno, señora maestra, ocurre que yo quiero que mijito aprienda, y como denje niño oigo eso de que al letra con sangre dentra, pué traje ese ¡Porsia!

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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