La noticia del siglo

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Nunca había vivido nada parecido. Lloré, sí, y mucho, durante los tortuosos días en que Elián González, aquel frágil niño que el azar llevó a las costas de la Florida en diciembre de 1999, fue secuestrado por la mafia de Miami, ante los ojos del mundo, para hacer ver que en su suelo el pequeño viviría una vida mejor. Pocos imaginaron que la pesadilla duraría tanto, aunque finalmente, al cabo de casi siete meses de intentos absurdos para retenerlo allá, y de una enconada lucha que protagonizó todo un pueblo, el pequeño fue devuelto a Cuba en una inusual maniobra que devolvió la tranquilidad a todo un pueblo, que lo vio triste y rodeado de juguetes, desanimado mientras una prima lejana le levantaba el pulgar en señal de “alegría”, gritando a un avión de paso, como quien comete un pecado, que lo devolviera a Cuba mientras los mayores le atajaban: “¡Noooo!.

Estaba yo a meses de cumplir mis dos años de nacida cuando empezó la fatigosa historia del bloqueo estadounidense a mi isla. Desde que tengo uso de razón vengo escuchando hablar de los perjuicios que ello ha traído consigo, desde los daños por no poder adquirir en aquel país o en otras naciones alimentos y medicinas para mi pueblo hasta la persecución implacable a terceros países que “se atreven” a comerciar con Cuba. Esta pequeña isla, nadie tiene que decírmelo, se convirtió en una especie de obsesión para los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, que durante décadas han invertido millones y más millones de dólares a procurar que Cuba, en lugar de avanzar, se estanque o, lo que es peor, colapse. Una manera de dejar claro que a la mayor de las islas del Caribe no le viene bien sino aquel régimen que ellos, los del Norte escojan para nosotros.

De pronto hoy vuelvo a emocionarme con el retorno al suelo patrio de otros de sus hijos. No es que no me haya alegrado cuando conocí de la llegada de René González o de Fernando González, dos de los cinco cubanos que fueron a suelo estadounidense con la misión de conocer y descubrir los planes de desestabilización contra este país, incluidos actos claramente terroristas, como la colocación de bombas en hoteles habaneros y planes de asesinato contra nuestro máximo líder.

“El ciudadano estadounidense Alan Gross ha sido liberado” escuché por la radio en la mañana, poco después de conocer que el presidente cubano, Raúl Castro Ruz, comparecería en el mediodía de hoy ante las cámaras de la televisión. Entonces presumí que nuestros tres hermanos, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero, estaban ya de vuelta o aguardaban un retorno que se concretaría en horas. Pero escucharlo de boca de Raúl, que ya se encontraban aquí, entre nosotros, me hizo saltar de alegría, gritar en la sala de mi casa, llorar de emoción.

Seguí las palabras del presidente cubano y luego las del señor Barak Obama, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, a quien, adelanto, le estoy muy agradecida, como creo lo está cada cubano de bien. No suscribo cada afirmación suya, claro, porque nadie puede borrar de un plumazo diferencias que llevan siglos acrecentándose y que, de hecho, difícilmente se erradiquen del todo cualquier día (ojala así fuera), conocida la animadversión que ha signado las posturas en las relaciones entre ambos países por más de medio siglo.

Pero que hoy, 17 de diciembre de 2014, se anuncie un probable mejoramiento de estos nexos, que los tres queridos hombres que Cuba ha estado reclamando por más de 15 años de pronto estén libres en nuestras calles y no en frías celdas de un país cuya justicia falló injustamente contra ellos; que Obama diga públicamente que “la política de aislamiento a Cuba no ha obtenido éxito” y que dejará de procurar medidas que solo buscan el colapso de esta nación, eso es ya como para preguntarme si estoy soñando.

Habría que detenerse en cada detalle, conocer cómo va a ser cancelado el bloqueo que, a todas luces, Obama considera inútil y dañino (bueno, con tantas personas inteligentes de todo el mundo aconsejándole al respecto, e incluso senadores de su propio país calificando de estúpida la política de su gobierno, bien mereció la pena que haya reconsiderado su posición), de qué manera se concretarán las medidas bilaterales tendientes al restablecimiento de las relaciones diplomáticas rotas cuando yo era apenas una bebé…

Habrá que ver. Pero de que estoy viviendo un día histórico, lo estoy. No hago más que pensar en la panza de Adriana Pérez creciendo, como ha sido por años el sueño de ella y Gerardo; en Antonio disfrutando de la libertad de sus mariposas y del amor de su madre, que dudaba si alcanzaría a verle libre; en Ramón junto a su amada Elizbeth y a sus hijas, privadas del amor de pareja y paterno, respectivamente, desde hace tantos años…

Alguien por ahí ha declarado a este suceso la noticia del año. Yo diría más, y estoy segura de que no seré ni la primera ni la única en considerarlo de tal forma: lo que sucede hoy en Cuba, los Estados Unidos y el mundo alrededor de las relaciones entre Washington y la Habana (usando la metáfora de las dos capitales), es la noticia del siglo, cuando menos, del medio siglo que he alcanzado a vivir, y al que le sobran ya cinco años. Con tantos cambios que experimenta el mundo, queda hoy más claro que nunca que de posiciones obsecadas, cuando de la independencia ajena se trata, nada bueno puede salir. Cuba tiene derecho a escoger ser libre en vez de esclava y eso es lo que, al parecer, solo ahora comprende un presidente estadounidense. Aunque tarde en esa apreciación, clara hasta para los niños cubanos del grado preescolar, debemos reconocerle a Obama su gesto de buena voluntad y agradecer a cuanto líder político o religioso, empezando por el Papa Francisco y el presidente de Canadá, hayan mediado para que estas novedades de hoy se hicieran posibles.

Primero fue Elián y hoy son los Cinco, ya juntos en la patria, con un lapso de 15 años mediando entre ellos, pero al fin símbolos de la transparencia de causas por las que Cuba entera se levantó y no acalló su clamor hasta conseguir lo justo. Bien lo dijo Fidel en ambos casos. Bien lo sabemos todos: en cuestiones tan serias nunca se equivoca. Volverán, enfatizó en junio de 2001, y hoy la presencia en Cuba de Ramón, Gerardo y Antonio, luego de una larga y dura ausencia, le da la razón, como la Historia lo absolvió ya tantas veces después de aquel ataque temerario al cuartel Moncada.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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