Armando Valdés: jugar a mala conducta

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“Oiga, pregúntele a Chala si tiene novia”, me instó una de las niñas detrás de mi, que escasamente rebasaría los 10 años. Se había percatado de mi diálogo con la mamá del actor mientras él, sentado en una banqueta sobre el escenario, respondía preguntas del presentador y accedía al diálogo con el escaso público reunido la noche del pasado jueves en el cine Conrado Benítez, de la cabecera provincial espirituana.

A esas alturas ya el muchacho se encontraba junto a su madre y, minutos antes de retirarse, cumplía la petición de Wendy, quien sentada en la butaca de al lado y nerviosa por la cercanía con el escolar más famoso de Cuba desde el estreno de la película Conducta, le solicitó una foto juntos. “Sí, cómo no”, dijo él e hizo varias tomas que yo aproveché para sortear el escollo de las penumbras mientras se rodaba el primer minuto del filme. Lo había presentado el propio protagonista con palabras inteligentes y con un “…si la quieren volver a ver, tampoco es obligado” que hizo sonreír a muchos de sus admiradores. En ese instante el reloj marcaba las 10:16 de la noche.

El intercambio a propósito de la interpretación del Chala de una película que ha conmovido al mundo cinematográfico y suscitado toda clase de ovaciones, seguidas de premios en diversos concursos, había sido promocionado desde horas de la tarde en un espacio radial en vivo. No obstante la lluvia que precedió al encuentro y que obligó a retrasar su inicio en espera de que quienes aún dudaban si se efectuaría confirmaran telefónicamente que sí, que Armando Valdés Freire estaría allí (de hecho, fue bastante puntual), el recinto cultural no se quedó vacío, pero sí con más butacas libres que ocupadas. Acogió incluso, en las últimas filas, a algunos niños con idénticos modos de actuación a los peores reflejados en Conducta o en Habanstation, lo cual obligó a la taquillera a reprenderlos mientras los oídos se aguzaban para escuchar respuestas a las interrogantes formuladas por mayores y menores. Me consta que los alborotosos no eran alumnos de la escuela Alberto Delgado, para discípulos con problemas de comportamiento, un grupo de los cuales estuvo presente acompañado por su preceptora; esta última formuló una interrogante que él contestó de manera estelar: ¿Qué mensaje tienes para esos alumnos que escogen tales modos de conducta?

Habría resultado saludable en extremo que muchos hijos acompañados por sus padres tomaran parte en esa especie de clase magistral ofrecida por el jovencito de El Cerro, quien asistió al casting de Conducta solo para visitar la Habana Vieja y deleitarse con la Casa del Chocolate; pero los niños allí presentes, como regla, andaban solos. No habría estado de más, digo yo, que docentes y autoridades educacionales aprovecharan la ocasión para reverenciar un modelo de valores que necesita ser potenciado en cualquier parte de la isla. Un modelo, sí, eso es lo que encarna no solo y no tanto personaje de Chala, quien no adquirió sus buenas costumbres en el seno de la ¿familia?, sino también y sobre todo Armando, cuyo modo de conducirse y comunicarse, aspiraciones, convicciones y preferencias con tan solo 15 años acusan a alguien tremendamente humano, sensible, austero y responsable, salido sin lugar a dudas de un hogar funcional y de aulas donde tuvo — no se lo pregunté, pero lo intuyo — buenos maestros.

Llegado este punto debo referirme al espectáculo, pues los que fuimos a ver al niño actor nos encontramos con un concierto del joven cantante Krlos Armando, dueño de una potente y colorida voz que bien merece ser promocionada, pero que pudo y debió ser programado en otro momento. Tras disfrutarlo por espacio de una media hora, a la que siguió el intercambio con “Chala” propiamente, la casi totalidad de los espectadores, mayoritariamente niños, se dispusieron a ver el filme. ¿A qué hora saldrían los que se quedaron a verlo completo?, de acuerdo con la duración del mismo, bien cerca de la medianoche.

En lo personal no necesitaba mucha más información acerca de las vivencias del visitante en su primera y memorable incursión por el cine, ya que había sido pródigo en detalles durante la charla sostenida con el colectivo de Escambray en horas de la tarde. Sin embargo, durante un breve diálogo en el camerino, donde tarareaba la letra de canciones que amenizaban la espera, y en el diálogo mismo con quienes fueron a compartir con él, conocí algunos otros datos de la estrella que seguramente brillará más una vez concluidos sus estudios en la Escuela Nacional de Arte, adonde ingresará en septiembre: prefiere ser llamado Mandy, como le dicen a su padre, aunque rara vez alguien le da ese gusto; no es partidario de las escuelas de conducta; la escena que con más gusto hizo fue la de las chapitas en la línea del tren; en ella, por cierto, corrieron el riesgo de ser atropellados al no escuchar los gritos para que se lanzaran y solo lo hicieron en el último momento.

“Mira, yo no sé decirte cómo yo hice para lograr esas escenas fuertes, pero esa en que le pregunto a Armando Miguel, mi papá en la película: “Acere, dime ¿de verdad tú eres mi papá?” todavía la recuerdo y me da cosita aquí”, había relatado, mientras se llevaba la mano a la garganta.

No todos los días aparece un niño capaz de darles lecciones a los mayores. Quienes tuvimos el privilegio de verle y escucharle podemos nombrarnos afortunados. Fue un lujazo, me digo, que muchos se perdieron y que ojalá, si vuelve a repetirse, resulte mejor aprovechado.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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