Francisco, Kirill y la Virgen de Kazán

La Kazanskaya llegó a constituirse en el símbolo ruso de la victoria y la libertad

La Kazanskaya llegó a constituirse en el símbolo ruso de la victoria y la libertad

“Se van a reunir los dos Papas, uno es el de los católicos y el otro el de los diablos”, comentó, en tono de broma, alguien en medio de una charla del otro lado de la acera por la que caminaba dos días atrás. Sin dudas, hablaban del suceso que, por obra y gracia no del azar, sino de esa exclusividad que asiste a nuestro suelo patrio, ha tenido lugar este viernes 12 de febrero en la capital cubana. Enmascaraban su desconocimiento acerca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, cuya máxima autoridad, el Patriarca Kirill (Cirilo I), llegó a Cuba este jueves y ofreció su bendición a todos los cubanos. Habló en un limpio idioma ruso y la efusividad se palpaba en cada una de sus frases.

Pero Kirill no vino precisamente a pasear por las calles habaneras, aunque su programa oficial incluye visitas y hasta un encuentro con el mandatario cubano Raúl Castro. Vino, antes que todo, a sostener conversaciones con el Papa Francisco en lo que se considera un hecho trascendental en la historia de las dos iglesias cristianas, las más antiguas de su tipo en el mundo y con mayor cantidad de seguidores. Sin embargo, esa visita privilegiada tiene antecedentes que no muchos retuvieron en la memoria, por falta de un seguimiento apropiado en nuestros medios de prensa, debe admitirse. A propósito de lo que ya se considera el suceso del milenio la televisión cubana reseñó la biografía del ilustre visitante ruso solo un día antes de su llegada y abordó rasgos de la iglesia que representa casi con su arribo mismo al aeropuerto habanero. No es de extrañar, entonces, que los cubanos no supiéramos el tipo de invitado que tendríamos en casa.

El 14 de noviembre de 2004 el patriarca Kirill, a la sazón Metropolita de Smolensk y Kaliningrado y Presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú, presidió en la capital cubana la ceremonia de colocación de la primera piedra en lo que sería el templo ortodoxo ruso. El 19 de octubre de 2008 volvía a La Habana para oficiar la Divina Liturgia de su consagración como Catedral Ortodoxa Rusa Nuestra Señora de Kazán.

Una breve visita del Papa Francisco a la isla, la segunda en algo más de cuatro meses, complementa la intención de un encuentro anunciado el pasado 5 de febrero a través de un comunicado conjunto de la Santa Sede y el Patriarcado de Moscú, cita que infunde grandes esperanzas no solo a los cristianos de todo el mundo, sino a cada persona amante de la paz, donde quiera que resida. En medio de un mundo en que los ataques, las guerras y la muerte signan el cariz de las noticias a diario pesa mucho el que representantes de ambas iglesias se pronuncien, como lo harán, acerca de cuestiones cardinales para la supervivencia humana.

Búsquedas en internet sobre la Iglesia Ortodoxa dan cuenta de que posee 9 patriarcados (Ecuménico de Constantinopla, de Alejandría, de Antioquía, de Jerusalén, de Rusia, de Serbia, de Rumania, de Bulgaria y de Georgia) y 7 Iglesias autocéfalas. Del patriarcado de Moscú, al que se adscriben feligreses no solo de Rusia toda, sino de otras 12 repúblicas de las que antes integraban la Unión Soviética, se dice que es el de mayor influencia en el mundo después de la Iglesia Católica Romana.

La Iglesia Ortodoxa mantiene las enseñanzas originales del cristianismo, que compartió con la Iglesia de Occidente durante el primer milenio de la era cristiana. Acepta la doctrina de los siete sacramentos al igual que la Iglesia Católica, aunque el bautismo se realiza por inmersión y no por aspersión, como en el catolicismo. Se distingue por la gran riqueza de sus himnos y por la profusión de íconos llamativos que decoran sus templos, exclusivos de la Iglesia Ortodoxa de Oriente.

La Iglesia Ortodoxa Rusa es la mayor de las Iglesias ortodoxas orientales del mundo. Entre las cristianas, es la segunda tras la Iglesia católica en cuanto al número de seguidores. De acuerdo con resultados de numerosas encuestas entre 2007 y 2010, en Rusia alrededor del 75 por ciento de la población se consideran a sí mismos cristianos ortodoxos.

El ícono de Kazán que preside la Catedral Ortodoxa Rusa de la Habana es de tradicional estilo greco-bizantino y fue pintado en Constantinopla durante el siglo XIII. Presenta la imagen de medio cuerpo de la Santísima Virgen sosteniendo sobre sus rodillas al Niño Jesús, quien casi de pie y en actitud de bendecir a la virgen, levanta su mano derecha hacia ella. La versión más difundida sobre el origen de esta imagen cuenta que en 1579 la ciudad de Kazán fue asolada por un violento incendio, y mientras la población se recuperaba de la desgracia una niña de nueve años llamada Matrona, cuyo hogar también ardió en llamas, vio en un sueño la efigie de la Virgen María y escuchó una voz que le pedía recuperar un ícono sagrado, oculto en las cenizas de su vivienda. Cuenta la leyenda que la pequeña descubrió el santo envuelto en un antiguo lienzo bajo una estufa, donde había sido enterrado desde la persecución cristiana, emprendida en el siglo XIII por los tártaros.

Objeto de gran devoción religiosa desde ese momento, la virgen comenzó a adquirir fama por sus presumibles curaciones milagrosas a personas ciegas. Fue llevada por los generales a las batallas y se le conocía como la Virgen de Kazán o Kazanskaya, la Protectora de Rusia. También llegó a constituirse en el símbolo ruso de la victoria y la libertad. Nuestra Señora de Kazán es, en consecuencia, la patrona de miles o quizás millones de hogares rusos y no solo de esa nacionalidad.

Mientras repasaba la historia de la Iglesia que alguien, por desconocimiento, llamó defensora del diablo, volví a los pasajes del imperio tártaro mongol que tantos descalabros ocasionó en lo que primeramente se llamó Rus o la Rus de Kíev, principado donde por largo tiempo radicó la capital del futuro imperio. Encuentros y desencuentros, apoyo y persecución, quemas en la hoguera y ejecuciones, muerte y evangelización, respaldo al gobierno de algún zar y represión en el de algún otro, negación en la era soviética, separación del Estado, reconciliación, esperanza. De todo hay en el devenir de esta iglesia desconocida, como regla, por los cubanos.

Se cuenta que con la ascensión del emperador Pedro el Grande al trono de Rusia (1682-1725) y su modernización radical del gobierno, ejército, vestimenta y costumbres, Rusia se convirtió en una fuerza política formidable, y que a finales de los siglos XVII y XVIII la Iglesia ortodoxa rusa experimentó una gran expansión geográfica. La influencia de la Iglesia en el poder de la Rusia imperial alcanzó su máximo grado con la aparición de Grigori Rasputin, un místico ruso con una enorme influencia en los últimos días de la dinastía Romanov, conocido por muchos como El Monje loco, quien en su lugar de origen pretendía darse una apariencia de Jesucristo y tenía fama de sanador mediante el rezo. Se dice que llegó a tomar decisiones cardinales y hasta a cambiar ministros, dada su ascendencia política sobre la zarina Alejandra.

Todo lo relacionado con la Iglesia Ortodoxa Rusa comenzó a serme cercano desde que conocí que era la fe abrazada por mi amiga del alma, la medio ucraniana-medio bielorrusa que me llama hermana desde hace más de tres décadas y lo escribe en esporádicas cartas o correos. Sus escritos se volvieron cada vez menos frecuentes desde que admitió, a mediado de los ’90, no contar más porque después de la caída de la nación multinacional que nos puso en contacto para relatar había solo calamidades.

Por Natalia Evguenievna Klímova, mi fraterna Natasha, visité a mediados del pasado año la Catedral Ortodoxa Rusa Nuestra Señora de Kazán, en la Habana Vieja. En el recinto repleto de íconos con leyendas en antiguo idioma eslavo miré la imagen de la virgen y prendí una vela de las que vende en el templo una mujer rusa. Su breve diálogo me devolvió los acordes del idioma alabado por León Tolstoi como “grande, poderoso, auténtico y libre” y junto a la amiga que me acompañaba recé por la paz, por Natasha, por Rusia, por Cuba, por el mundo.

Cuando el domingo 14 de febrero de 2016 se oficie en aquella Catedral la santísima liturgia del Patriarca Kirill, cuando conversen Cirilo I y el Papa Francisco y los corazones de millones de personas en el mundo acojan sus mensajes llenos de amor y esperanza, en las plegarias musitadas en ruso por una amiga y en las mías, en español, acá en Cuba, estarán el sosiego, la salud, la tranquilidad, esa dicha que nos deseó el Patriarca Kirill y la paz que desde hace tiempo viene construyendo la Iglesia Católica, con el carismático Papa Francisco al frente, como para recordarle a los mortales que vida hay solo una y que a una existencia digna tiene derecho cada habitante del planeta Tierra. Así lo preconizó Jesús desde el propio momento en que vivió por los hombres y murió, para que ellos vivieran.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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