Thank you, Míster Obama, for the lesson

 

Obama ha declarado que cambiarán los métodos, pero no el fin respecto a Cuba.

Obama ha declarado que cambiarán los métodos, pero no el fin respecto a Cuba.

Me vienen a convidar a arrepentirme,me vienen a convidar a que no pierda, me vienen a convidar a indefinirme, me vienen a convidar a tanta mierda.

Silvio Rodríguez

 

 

He escuchado con irritación un fragmento de la Declaración que el Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, realizara este jueves ante la prensa nacional y extranjera. Al referirse a la reciente autorización, por parte del gobierno de los Estados Unidos, de viajes individuales a ciudadanos de ese país para que vengan a Cuba bajo la licencia de intercambios educacionales llamados “pueblo a pueblo”, recordó que, pese a ello, se mantiene la prohibición legal a dichos ciudadanos de viajar a nuestro archipiélago. Destino prohibido. Bonito nombre para una telenovela cuya trama, créanme, conseguiría considerable audiencia.
Pero lo que me ha molestado en verdad no ha sido eso, como tampoco la exigencia a los potenciales visitantes de conservar registro de todos sus gastos y actividades, desconozco para qué, aunque podría imaginarlo. Lo que me ha encendido, como diría la parte femenina del dueto que me enseñó a ser digna, es esa especie de término o condición que se les impone a quienes deberían venir por sus propios fueros y no en calidad de súbditos de alguien: que dediquen todo el tiempo de su visita a nuestro país —así lo formulaba el Ministro—, no a disfrutar el contacto abierto con los cubanos y las maravillas de Cuba, sino, según dice estrictamente la decisión ejecutiva, “a promover la independencia de los cubanos”.

¿Qué cubanos? ¿Qué independencia? Cabría preguntar antes de lanzarme a verter mis criterios. Por los primeros debo entender, claro está, los habitantes de esta nación con cuya independencia quería José Martí—así lo hizo constar a solo horas de su caída en combate— impedir a tiempo que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos y cayeran con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América. Que no me vengan a cambiar la historia, que incluso si Obama acude a rendir tributo ante el memorial que lleva el nombre del Apóstol no podré creer jamás que aquel hombre de ideas adelantadas y visión continental signifique lo mismo para él que para nosotros. Por independencia puedo entender únicamente la conseguida tras décadas de sacrificio, derramamiento de sangre y patriotismo de muchos hombres y mujeres a lo largo de las contiendas libertarias que concluyeron con la total autonomía nuestra. Dicho en buen cubano, no depender de gobierno extranjero alguno. Ni del de Obama ni del que vendrá detrás suyo.

España nunca más volvió a pretender a Cuba bajo sus alas. Los amos del Norte (han sido muchos los que intentaron aprovecharse de la fruta madura que jamás cayó), en cambio, siempre han tenido su bota en alto para aplastar las ideas libertarias de estos herejes que hemos decidido nuestro way of life y no el que nos impongan ellos. Por eso, por las reiteradas advertencias martianas, por el parche antes que la gotera colocado por el Che cuando dijo que “al imperialismo pero ni tantito así”, mientras indicaba una porción milimétrica de su dedo índice, y por las propias conclusiones que hemos sacado durante más de cinco décadas presenciando la misma película, es que me atrevo a aseverar que a estos cubanos de acá, la mayoría digo, porque siempre hay quien piensa diferente, nadie tiene que promoverles la independencia.

Que se equivoquen los ingenuos, los que creen que una vez en el poder —hipotéticamente hablando porque del dicho al hecho hay más que un trecho— alguno de los promotores de la “independence” que hoy llaman a conquistar para quienes vivimos en Cuba va a pensar en el bienestar de los de abajo. No fue en la escuela de mi infancia o adolescencia donde me convencí de manera rotunda de que los sucesivos gobiernos del vecino del Norte nunca han pretendido mejora alguna para nadie que no entre dentro de sus propios intereses. Si me hubiese quedado una pizca de confianza en alguno por desconocimiento de los hechos, Oliver Stone, con su serie The untold history of the United States, se encargó de disiparla con una verdadera andanada de revelaciones acerca de las agresiones y masacres que en todos los continentes promovió y ejecutó la mal llamada América. Las imágenes hablan solas, es una pena que tantos estadounidenses no hayan visto esa pieza fílmica. La Unión Soviética se quedó chiquita, a decir del propio Stone — quien está lejos de ser simpatizante del socialismo—, en materia de provocaciones y pretextos para actos que condujeran a la dominación mundial. Muchos políticos de aquel propio país se asquearon de ellos; algunos terminaron suicidándose.

Como el mismísimo presidente Obama se ha encargado de declarar que la política hacia Cuba cambia no por que se hayan modificado los fines hacia nuestro país, sino porque no han resultado los viejos métodos, y ha dicho que se proponen alcanzar idéntico resultado por vía diferente, cabe deducir que él, en persona, vendrá a Cuba en calidad de faro luminoso o mensajero, no precisamente de una paz con autodeterminación, sino de ideas anexionistas que ya han fracasado antes en el devenir histórico de la nación isleña.

No niego que en este país haya quienes desean y hasta esperan su mensaje de ¿aliento? Eso depende del cariz de las ideas que expondrá. Como bien dijo Bruno Rodríguez Parrilla habrá que esperar su discurso y su alocución dirigida a este pueblo, pero por mucho que se aparten de lo que ha mostrado desde el anuncio de la intención bilateral de restablecer las relaciones diplomáticas entre los dos países veo muy difícil que Obama venga a convencernos de lo que ya hemos aprendido a hacer demasiado bien: interpretar la necesidad de resistir, sortear obstáculos, abortar planes desestabilizadores, denunciar planes injerencistas, crecernos y tomar partido por el lado de la justicia.

Si la lección fuese la que avizoro: la moraleja del fuerte llamado a ser esa especie elegida que por designios de Dios debe definir los destinos del mundo —dicho sea de paso, habría que introducir modificaciones en ella, pues no sería ya el blanco anglosajón, sino la mezcla de este con el descendiente africano y cierto componente árabe palpable en el nombre—, pues no tendríamos otra cosa que decirle al Presidente como no fuera: Trahk you, Míster Obama, for the lesson; I’ d like to continue the old way.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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