Reencuentro lejos del Mar Negro

El grupo inicial, junto a dos estudiantes incorporadas en el segundo año.

La entonces Universidad Estatal Mijail Vasilievich Frunze nos acogió con beneplácito.

Tenía que ser en verano, porque en verano nos reunimos por primera vez. Tras vencer la Facultad Preparatoria de la Habana y partir hacia la URSS, la larga travesía en tren desde Moscú nos colocó en la capital de Crimea, entonces República Federativa Soviética de Ucrania. Corrían los finales de julio de 1978 y antes que en las aulas, nos reuniríamos en el campamento del Mar Negro, donde disfrutamos de una playa sin arena y visitamos el Palacio de Yalta, memorable en la gestión de paz tras la Segunda Guerra Mundial.

“¿Eres tú mi Mayra de Simferopol? ¿la del cuarteto con Ricardo y Manuel?”, indagaba yo a comienzos de agosto de 2013 tras la búsqueda de rigor en internet, cuando de los 10 amigos que vencieron junto a mí su carrera universitaria como filólogos me aparecieron solo dos nombres: el de ella y el de Antonia.

Esta última, condiscípula de los años preuniversitarios, me respondería al día siguiente desde Túnez con un mensaje cargado de emociones, al que siguió la comunicación estable. Pero Mayra leería mis interrogantes solo en septiembre de 2015. Contrario a mis presunciones acerca de la posibilidad de que hubiese cambiado, me escribió desde Canadá confirmándome su identidad y formulando a su vez otras preguntas. ¿Había sabido yo de los demás? No solía entrar a Facebook, declaraba. Ni ella misma sospechó entonces que en lo adelante se volvería una asidua de la plataforma digital creada por Mark Zuckerberg en Harvard. Tampoco lo había imaginado yo en aquel primer contacto con su enrevesado sistema. Allá por el 2008 ó 2009, poco después de su socialización, mi hija mayor me había solicitado ayuda para acceder a las fotos de una bebita nacida en Italia. Quería colaborar con una compañera de trabajo, la abuela de la niña, pero fue tal el tormento para lograrlo que después de improvisar en el desconocido formulario, donde todo me aparecía en italiano, le dije que no me pidiera más entrar a ese “dichoso” sitio. Por suerte, conseguimos las fotos, aunque minúsculas.

Sin dejar de recelar de la red social que acopia cuanta información le resulta posible y hasta la facilita a quienes ni idea tenemos los usuarios, debo reconocer que gracias a ella nos reencontramos. Nada suple la charla telefónica que al menos dos veces por año sostengo con Caridad, la santiaguera dueña de las pistas sobre este o el otro amigo de juventud. “Fulano está en tal país, Mengano se radicó en este otro, a Sultana se le graduó la hija”. Y un día reciente, también en verano, viajé hasta allá, a reencontrarme con ella y con otras dos amigas de la tierra caliente del propio grupo.

Sería largo el recuento, en el que cabe desde el llanto de Xiomara al abrazarnos y su recuento sobre los complicados apellidos de su hija Djara, pasando por las recitaciones de Miriam y nuestros cantos colectivos en ruso, hasta anécdotas hilarantes que implicaban a uno u otro de las presentes o los ausentes. ¿Cómo y dónde están Jorge, Alejandro, Ricardo y Manuel? Tales eran las principales incógnitas, ya que las hembras podíamos informar unas sobre otras. Noemí, la oriental que faltaba, además de nosotras cuatro, se había radicado en Las Tunas, pero estaba en Angola.

Cierta mañana de finales del último julio, mientras me encontraba en el salón de Escambray, una especie de corrientazo me paralizó desde la pantalla de la PC. A 33 años de habernos dispersado tras la conclusión de los estudios, una solicitud de amistad despertó otro buen augurio. El nombre y los apellidos los había escrito yo varias veces, pero aparecían muchos y ninguno resultaba ser. No obstante, Alejandro afirmaba ser mi amigo de entonces. Ofreció incluso una prueba, relativa a cuestiones que solo quienes compartimos cinco años en un mismo albergue podíamos conocer. Y otro torrente de emociones se escurrió por la fibra óptica, los servidores, los teclados, los nervios. Detuvo el auto en que viajaba para tomarse una “margarita” a mi salud. Y seguimos charlando.

Estamos todos ya reunidos, aunque en distintos continentes. Menos Jorge el pequeño. Hubo dos al comienzo de la carrera, de ahí la distinción acerca del tamaño. La búsqueda demoró días y terminó con la confirmación de su muerte algo más de tres años atrás. Luto en el chat colectivo tras la noticia. Manuel, desde Polonia, rompió su mutismo para dar cuenta del dolor. Sin embargo Mónica, la novia de Jorge durante los años estudiantiles, luego esposa y madre de sus hijos, ha ido disipando dudas, ofreciendo detalles, sumando calidez a los recuerdos desde el lugar donde reside.

Desde agosto estamos en contacto. Ni un solo día han faltado los mensajes, las bromas, los recuentos, las añoranzas. Pueden estar escritos en ruso, inglés, italiano, francés o portugués, según el rumbo de cada cual. Aún no hemos hablado de los desfiles o celebraciones festivas en las que solíamos involucrarnos, pero este 7 de noviembre de seguro el tema no faltará. Quienes no están en “face”, que son los menos, se enteran por los extractos de conversaciones enviados mediante correo electrónico. Hijos, trabajos, clima, planes y hasta la proximidad de Matthew estuvieron en el centro de las conversaciones en todas las semanas transcurridas. Hasta Rubiera llegó a ser conocido allí donde nunca se escuchó hablar de él.

Noemí hace gala de su humor y sigue las lecciones de la profe Shelepina, quien era ducha en recetas de cocina. Mayra se especializa en cambiar letras al teclear y luego traduce nuevos disparates que después corrige; también hace reír a todos con su humor. Antonia pone el toque de cordura ante el temor de que se nos revele “el alemán”, como llama a los flashazos de la desmemoria que opacan ciertos fragmentos de lo vivido. Ricardo, de vez en vez, ayuda a aclarar quién es quién en las viejas fotografías donde aparecemos junto a africanos, árabes e indonesios y subraya su filosofía por la no angustia y el disfrute de lo que tenemos al alcance. Alejandro, promotor del rescate grupal, alienta, aúpa y tranquiliza.

Nos veremos. Quizás no todos ni a la misma vez. El susto que temía alguna de nosotras por las canas o arrugas que impedirían reconocernos ya pasó: nos hemos visto en fotos. Y ese día no nos importará que Mark amase una mayor fortuna a costa de nosotros. Volveremos a ser, sencillamente, los chicos y las chicas de Simferopol, los fundadores allí de la presencia cubana, los hacedores de travesuras, los culpables del entrañable amor que nos tuvieron o nos tienen nuestros queridos profesores.

Ya no será el Mar Negro, pero algún mar habrá. Por suerte, los de esta isla jamás perdimos la brújula que al final de las búsquedas nos permitió encontrarnos. Y nunca más nos perderemos.

Anuncios

Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Reencuentro lejos del Mar Negro

  1. Noemi dijo:

    Gracias Delia.Te la comiste guajira! Hiciste un buen resumen de todo y todos en esta crónica.Creo seremos famosos jajajajaa.Me ha gustado mucho.Una vez más, gracias,hermana.

    • cubaicani dijo:

      Gracias por opinar, me importa mucho el criterio de los protagonistas de esta preciosa historia de amor, amor del fraterno e inagotable, del que nació allá lejos y se ha repartido por un montón de países.

  2. Monica Felices dijo:

    Que bien descrita está la recopilación de los hechos, una historia de amistad en la que yo fui un testigo y Delia te agradesco por tan lindo recordatorio de ese grupo de jóvenes Cubanos y entre ellos Malinki , esperamos más historias de este grupo en tu linda pluma .Besos y gracias por compartir

  3. Lauris dijo:

    Cuando leí la crónica recordé el valor que Delia le concede a sus amigos, en especial a esos con los que compartió años universitarios, y me alegra saber que a pesar de todo, el reencuentro se hizo posible y que la amistad sigue viva.

  4. Mayra Ruiz Leon dijo:

    Delia, querida amiga, hermana, gracias por tan bella crónica. Felicitaciones. No puedes negar ser la hija de tu padre, historiador y escritor de tu pueblo natal. Debo cambiar alguna letra aquí? No, no va a ser posible porque estoy en la PC, no en el teléfono… jajajajaa. Oye, nunca se sabe que pasara en el futuro; así que si me gano la lotería, habrá reencuentro en el Mar Negro. Lo prometo. Te quiero, querida amiga- hermana, de los mejores tiempos de nuestras vidas. Muaaaa

    Mayra

    • cubaicani dijo:

      Gracias, Mayra, no había leído el comentario de aquí, sino el de face. El agradecimiento mayor que te llegue por la alusión a mi padre, aunque fue mi madre quien lo inclinó a él y a todos en la casa hacia la lectura y la literatura.
      No cambiaste ni una letra!!! olvidé aclarar que se debe al tecleo en el celular, jaja. Gánate la lotería, que aunque desdigas el nombre de la crónica me voy a alegrar tanto, que de un salto caeré cerca del Mar Negro, donde empezamos a intimar.

  5. Taieb dijo:

    ¡Qué buenos recuerdos! te felicito Delia.
    A pesar de haber pasado solamente un año en Simferopol fui muy amigo de Jorge y
    ¡ claro ! de Mónica también ¿ creo que es Peruana y estudió Biología ? Me gustaría escribirle.
    También me gustaría escribirme con Noemí.
    Antonia hablé con ella dos veces por teléfono pero a pesar de vivir en la misma ciudad en Túnez todavía no la ví y tampoco ví a su marido Adel.
    Delia : te mandaré un mensaje por correo electrónico.
    el mío es
    mutuelleville6@yahoo.es
    Saludos y Besos.
    Tayyeb ( Taieb )

  6. Taieb dijo:

    Gracias Delia y me pregunto ¿ quíen da o dió clases de lengua rusa de tod@s los que estan en la foto y que conocí en Simferopol ? falta uno o más de uno en la foto ¿no? ¿Omar?
    Maravillosos y deliciosos recuerdos en el Общежи́тие de Simferopol, sobre todo los fines de semana con las fiestas que montábamos y esta bella canción cubana que me enseñaron l@s cubn@s y que me llevé a Túnez y a España ….. A CABALLO VAMOS PAL MONTE

    Con ganas de visitar un día vuestra isla bella.
    Tayyeb

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s