Se vale no creer

 

Del Fidel de la Sierra Maestra escuché hablar desde mi infancia.

Así lucía él cuando yo me gestaba en el vientre de mi madre.

No creer, como cuando perdiste a tu madre. Esa es la idea, aunque la asumes, como aquella vez, automáticamente. Irte a dormir y olvidarte de la bomba que acaba de soltarte por teléfono Pastor Guzmán, el fundador. Cerrar los ojos, no pensar y a los pocos minutos, atender la segunda llamada, y la tercera, y decir: ya lo sé.

Estar tendida, con el pecho agitado aunque no quieras. Y a las 5:00 am el despertador automático te confirma que lograste dormir, aunque no sabes cuántos minutos. ¡Una pesadilla!, quieres tranquilizarte. Pero prendes la televisión que has estado evitando desde las 12:13 de la noche anterior y ahí está el Raúl que escuchaste de fondo, mientras Borrego te decía que “es de madre”, Raúl con la serenidad que sabes que no tiene, repitiéndolo por quincuagésima vez en la retransmisión de la noticia.

Y te confirman que sí hay acto en Limones Cantero, aunque el matiz del mismo se cambió. Sales a la penumbra y el primer custodio te mira con cara de quien ya se enteró. Al hombre que está junto a su puerta le dices: “Malos días” y ni te crees el saludo que acabas de inventar. Pero él te entiende, porque ha estado escuchado Radio Reloj, como tantos en Cuba.

Los nietos de Neisa, una de las primeras alfabetizadas de la isla, quien en minutos saldrá para el lugar donde mataron a su maestro hace 55 años, te ofrecen sus declaraciones y salen junto a ti en el microbús de la prensa. Pero apenas minutos después,  mientras te piden que les muestres la torre de Manaca Iznaga el vehículo vira en U, porque ya no habrá acto. No es broma de Yoan, el camarógrafo, quien “comanda” el equipo.

Y vuelves y le extraes a Neisa y a su hija las palabras que no vinieron a decir. Obvias al esposo de la mujer que sostiene en su mano un diploma firmado por Manuel Ascunce, quien combatió a los bandidos en el Escambray, porque su corazón pende de un marcapasos y no le quieres incrementar las emociones que ya lo agitan desde antes del amanecer. Transcribes todo, pero no puedes escribir palabras propias. ¿Cómo es que alguien ya lo evoca como a quien hizo, dijo o enseñó? Él para ti es presente. Pero mientras caminas hacia la redacción los pies te pesan y nadie se saluda, nadie habla. Todos se comunican con los ojos.

Ya has llorado, pero no bastante. Ves y lees las crónicas de otros y admiras el que puedan hilvanar ideas. Necesitas caminar, visitar a un amigo, escucharle decir que seguiremos sin el hombre que es faro para ambos. Tú, en lo particular, lo llevas en tu vida desde un mes antes de la Revolución, cuando tu madre te presintió en su vientre. ¿Habría llorado ella?, ¿Qué haría tu padre en una circunstancia como esta?

Tu hija ha llamado desde España; dice que de repente se le entraron ganas. Te pregunta cómo están tu salud y tu ánimo y disimulas un poquito, aunque ella te conoce. Ves la Mesa Redonda de punta a cabo y esperas el Noticiero estelar, pero ahí está Fidel despidiéndose en el VII Congreso del Partido y corres a la cama a llorar sin consuelo. De nuevo quieres que amanezca, porque ni Polo Montañez, ni Silvio, ni Rocío Durcal o Roberto Carlos consiguen mitigar tu pena. “Al ánimo, al ánimo, la fuente se rompió. Al ánimo, al ánimo, volverla a componer”, te repites de pronto, como aferrándote a una idea. ¿Se compondrá? Y amanece de nuevo.

No pensaste que alguien necesitara preguntarte ayer cómo estabas y cuando respondiste y ese alguien se sorprendió dijiste, para tu propio asombro, lo que hoy descubres que es verdad, por más te lo niegues, por más que intentes no creer. Quieras o no, rechazas ahora mismo actuar como la periodista e intentas ser, apenas, una cubana a quien se le murió Fidel.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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2 respuestas a Se vale no creer

  1. xiomara dijo:

    Impactante tus palabras, conmovedoras, íntimas, fluídas, sinceras, llenas de dolor, eso lo sé porque te veo junto a mí en la Redacción, de un lado a otro demostrando tu triztesa,sé muy bien que cada oración en tu crónica es como una parte de tu corazón, te admiro por ser la persona que eres, por tu transparencia.

  2. Lauris dijo:

    Sé cuan de cerca le toca el corazón a Delia la partida física de un grande como Fidel. Preciosa crónica, con las emociones a flor de piel, con el corazón en la mano. Creo que una periodista como ella no podía quedarse callada con tantos sentimientos dentro.

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