Cubana VIP entre turistas extranjeros

La primera cortesía, un excelente ron cubano, estaba acompañada de una carta a nombre del hotel.

Cuando definitivamente te convences de que eres la única oveja negra en un blanquísimo rebaño, no des la situación por cerrada: eso puede cambiar. Puedes, aunque parezca inverosímil, convertirte de pronto en la única oveja blanca entre muchas otras. Solo que, aclaro de antemano, no es tan sencillo así. Procuraré ofrecer la fórmula.

Se precisa tener una amiga de los años estudiantiles a quien no hayas visto por espacio de más de tres décadas. No cualquier amiga, sino una extranjera, porque fue en su natal Ucrania donde la conociste, aunque lleve casi una década en Toronto; una de esas capaces de leer tu mente y vibrar junto a ti ante el dolor ajeno o ante cualquier injusticia.

Se precisa, además, que ella y su esposo te inviten a una estancia en Cuba con el mero objetivo de saciar las ansias de verse, rememorar tiempos pasados, cantar canciones, recordar lecturas de las que las unieron en los estudios de Filología cuando la URSS igualaba naciones. Mas verse, se precisa, no en cualquier lugar de la isla, sino en un cayo al sur del verde caimán, adonde deberás volar para alojarte en el hotel antes de que ellos lleguen. Resulta menos caro, más tranquilo y mejor a la salud quebrantada de tus amigos. Y, como ingrediente principal en la receta, se precisa de un magnífico poder de contención.

Para pasar la prueba, tendrás que esperar tres largas horas o hasta más en un hotel de la Habana — el Plaza, por ejemplo, adonde llegas a las 11: 00 am, como te indicaron— y, una vez con el tiempo de recogida en el reloj, llamar a la oficina de Excursiones Aéreas Opcionales de Cubatur, porque tus ojos se pelaron de velar el amarillo de los pullovers de su personal y nadie apareció a buscarte.

La misma persona que confirmó la reservación desde tu provincia de origen —no debe ser la Habana, por supuesto— , previo pago por tu parte de 162 pesos cubanos convertibles (que se llama Lusmila y no supiste ni quieres saber su apellido), deberá decirte que aguardes. Minutos después de escuchar susurros en una llamada por la que pagas en CUC, te comunicará que se suspendió el viaje por una falla técnica del avión del vuelo de ayer. Que las personas de ayer, por cuenta de las cuales nadie durmió allí, volaron en el avión concebido para hoy, y que no habrá más vuelos por esta jornada.

Deberás preguntar, sin escuchar solicitud alguna de disculpas, qué harán contigo, que no tienes dónde quedarte hasta mañana, que no has almorzado, que desde las 3: 00 pm deberías estar ya en el hotel Pelícano, de Cayo Largo. Y asegurarte bien de que la respuesta esté formulada más o menos del siguiente modo: la culpa no la tiene Cubatur, que no hace más que ofertar boletos de vuelo, sino la agencia de tu provincia que te lo vendió. Y ante tu airada objeción de que no es así, escuchar que deberías reclamarle a Cubana de Aviación, porque es la línea que pone los aviones. Un insulto a tu inteligencia.

Contarás hasta diez para no perder la cordura y alegarás que no te moverás de allí, porque el problema no es tuyo. Que aguardarás a que vengan a resolverlo los que fallaron al compromiso. Agregarás que eres una cubana, periodista por demás, que conoce sus derechos como turista que pagó. Y cuando digas por tercera vez, molesta, muy molesta, que no has escuchado una disculpa, esa misma Lusmila te dirá que lo siente, pero te sonará falsa la frase. Y esperarás en vano, pues te estarán llamando —no sabes por qué allá— al teléfono de contacto que diste hace solo minutos por si acaso, el de una amiga que te acogió la noche anterior, adonde no puedes regresar.

A la tercera llamada las sugerencias y respuestas que no te ayudan. Devolver el boleto, por ejemplo. Cubatur no tiene alojamiento, por ejemplo. Entonces, cuando cruces el Parque Central y entres a la oficina de esa agencia en el hotel Inglaterra, un ángel protector abrirá sus alas y te acogerá. Se llama Thais el ángel. Te escucha atentamente y sonríe. Y dice mirándote a los ojos, cuando ya se ha comunicado con aquella persona y ha escuchado el mismo argumento, no sin defender tu derecho, que no te inquietes, que tienes un boleto que te protege.

Te dice que su jefe, el director de Cubatur en la Habana, en la tierra y Diosito en el cielo. Que sí, que te vas a quedar en un hotel. Y él lo confirma celular mediante y hasta lo indica por teléfono casi a las 5: 00 de la tarde. Eres ahora “un problemón” que ella alega ante la llamada que no puede atender, porque está ocupada contigo. “Si no aparecía un hotel, muchacha, tú te ibas a ir conmigo para mi casa”, comenta con los ojos húmedos ante el ataque de llanto que te sobreviene. Y te ofrece agua, y café. Su café.

Thais, segunda al mando en la dirección de Cubatur en la Habana, le dio la vuelta al dominó con su dulce sonrisa y su rápida gestión.

Es ahí donde sabes que ese ángel tiene alma, aunque no haya nacido allí, de un campo metido tan allá adentro en las entrañas de Yaguajay que colinda con Taguasco, y que te entiende como no imaginas. Ha llamado a cuanto hotel hay en la capital y vas variando, mientras secas tus lágrimas, el título de tu artículo, que empieza por Una noche en Copacabana y termina…bueno, tú crees que termina ahí, pero aún dista de acabar.

La noche en el hotel Vedado (edificio Flamingo) sirve para que practiques el ruso en dos televisoras de la TV por cable. En la mañana, antes de la hora pactada, estarás en el lobby y un joven entrará preguntando —esta parte resulta indispensable para que lo de VIP entre extranjeros no se vaya abajo— quién va para Cayo Largo. Será preciso que él no te tenga en la lista, que te admita en el ómnibus como quien no quiere, porque insistes en que tú vas hacia allí y hay una promesa de recogerte a las 10: 00 am. Y que te mire con recelo de tanto en tanto, y te pregunte alguna vez si de verdad es a Cayo Largo adonde viajas. Entonces deberás indicarle que llame a Thais, o a su jefe, porque para ellos eres prioridad.

Es preciso que él no te atienda. Que espere hasta última hora y te diga, por ejemplo, que va al baño, segundos antes de tu chequeo. Que te recuerde que subiste al bus sin estar en la lista, solo porque quisiste. Es preciso además que, para tu sorpresa, la joven que recibe tu equipaje y chequea tu boleto aluda a la “h” en tu apellido y no a otro aparente error. Y pases el chequeo, crees tú, porque cuando comienzas a relajarte en el salón de espera te llaman por los altavoces y entonces sí ya no sabes qué pensar.

“Su pasaje aparece como no pagado”, deberás escuchar muy claramente. Y asombrarte mucho, y pensar en Lusmila, que fue quien lo registró cuando desde Sancti Spíritus la solícita Mayda le pasó los datos por el ordenador. Y contar no hasta diez, sino hasta…conseguir que tu corazón obedezca más a tu voz interior que a la situación real.

Tendrás que correr de un lado a otro, imaginar y hasta decir en alta voz que esto no está pasando, que es solo un sueño tuyo. Natasha espera ya desde la noche anterior y Dios sabe qué imaginará en su cabeza. Porque eres periodista, pero no tienes un teléfono móvil y el de ella en Cuba ya no funciona. Y para colmo quedan solo minutos, que empleas en agitar al guía, tu único amparo, le dices, y él, que no está en sus manos hacer nada, que ha gastado de su saldo personal y solo atina, ante tu insistencia, a comunicarse con alguien de nombre Luis. Pides hablar con Luis y le ruegas que encuentre al jefe de Thais; mencionas hasta una indemnización que bien merecerías. Sigues en vilo —es muy preciso que no se obvie esta parte de la fórmula—, y buscan en el papel que sostienes en tu mano el número de tu equipaje para apartarlo, porque el vuelo ya va a salir, aunque tú solicites que el avión espere.

Un giro de solo segundos. Alguien llamó, alguien hizo algo, ya podrás abordar la aeronave. Indagas. Faltaba el código digital que indicaba tu pago. Te lo dice el representante allí de Cubatur, cuya existencia acabas de conocer y procurar. Y te apresuras, con algún contratiempo aún, como la puerta de abordaje cerrada. “Solo falta que ahora me salga droga encima”, deberá decirse durante el chequeo de aduana a tu cuerpo. “Usted sabrá”, escucharás y hasta atinarás a sonreír porque esas personas, en efecto, no deben culpa.

Ya en el avión deberá mirarse, urgentemente, la fotografía del bebé que desde casa anima tu regreso. Pedirle a su carita de ángel que te dé fuerzas para llegar hasta tu amiga, que el corazón resista tanta angustia. Y que resista hace falta también. Y que, al poner un pie en el hotel, con tantas dudas rondando en la cabeza, te digan que “ellos ya le esperan”, que “han venido varias veces a ver si usted llegó”, que “están allí, parece, comiendo algo”.

Será preciso que los encuentres como por azar. Que ella te vea primero y se fundan en un largo abrazo de alegría y zozobra. Que lloren juntas mientras su esposo mira, como alelado. Que el maletero que te acompaña se dé la vuelta, porque si no llorará junto a ustedes. Te lo dirá días después, al ir a recogerte para el retorno.

Natasha y yo pudimos compartir juntas con excelentes playas como fondo.

Solo a partir de ese momento, y no antes, empezarás a convertirte en VIP entre turistas extranjeros —eres la única cubana, los otros son decenas y más decenas de europeos—. Empezarás por recibir una botella de ron Havana Club especial y una carta a nombre del hotel, solicitando los disculpes. “Los pobres, no tienen responsabilidad alguna”, deberás pensar. Al día siguiente aparecerá alguien que se interesa por tu bienestar, a nombre de Cubatur. Seguirán un champán español, frutas llevadas a la habitación y algunas otras atenciones que en verdad agradeces.

Sabrás que Cubatur corre con los gastos de las cortesías que han tenido contigo y tus amigos, en compensación por los “contratiempos”. Que hasta la cena con langosta de la noche anterior, recompensada por el esposo de tu amiga con una buenísima propina al joven que le sirvió, no era sino un banquete de desagravio. Dicho joven fue todo el tiempo muy profesional en su trato, cabe significar. Pero no dices nada al conocer la verdad, porque el esposo de tu amiga no quiere más problemas. Tan solo quiere que te relajes y la pases bien junto a ella. Que solicites, por ejemplo, ya que procuran ayudar, ir con ellos por mar hasta playa Sirena, a solo dos kilómetros de allí. Pero debe abstenerse de tal aspiración, porque en ese momento vuelves a ser la única oveja negra.

Deberás aclarar desde el principio que escribirás la historia, porque eres reportera. Y ya al regreso, cuando las lágrimas de Natasha te conminen a sonreír aún y hasta a bailar sobre la arena, e incluso en la puerta del ómnibus, porque partes antes que ellos, seguirás hilvanando el relato. No sabrás por qué, pero mentalmente lo hilvanarás en ruso. Ya casi lo tendrás por la mitad cuando, al momento del chequeo de retorno en el aeropuerto de Cayo Largo, te pidan ver qué hay en el fondo de tu cartera. Resulta ser la grabadora que no llegaste a utilizar. Por Dios, ¿empezará todo de nuevo?, tendrás que preguntarte.

Entonces volverás a ver la tranquilizadora sonrisa de Thais, a quien has recordado todo el tiempo. Le sonreirás mentalmente. Si está al tanto de tu historia completa, su corazón debe haberse oprimido. No sabrá lo bien que la has pasado, pero sí estará segura, porque se lo dijiste, de que leerá el relato en Internet.

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Acerca de cubaicani

Soy una filóloga devenida periodista que adora su país y siente por todos los demás. Me gusta leer, escuchar canciones, cantar en español y en ruso, rememorar letras de poesías que aprendí en la infancia o en la adolescencia. Quisiera que un día cercano no hubiera guerras en el mundo, que todos los niños fueran felices y que el amor moviera a cada ser que existe en este u otro planeta.
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4 respuestas a Cubana VIP entre turistas extranjeros

  1. Como, definitivamente, Cubatur no va a comentar aquí, lo hago yo, para reproducir la respuesta a un correo que les envié ayer, notificándoles de esta y de otra publicación sobre el tema, en el medio de prensa donde laboro, que es esta: http://www.escambray.cu/2018/cubana-vip-en-cayo-largo-del-sur/
    Les dejo a ustedes sacar sus propias conclusiones:
    Buenos días estimada Delia:
    Antes que todo comunicarle que si hemos visto las publicaciones en los medios, pues nos interesa enormemente los criterios que sobre nuestros servicios puedan tener nuestros clientes cualquiera que sea su nacionalidad y sepa usted que agradecemos sus comentarios y sinceridad pues nos ayuda a ir eliminando errores que en con el volumen de operaciones, sin que intente justificarnos, puedan surgir y así lograr que nuestro trabajo sea satisfactorio para cada uno de nuestros clientes que son nuestra razón de ser.

    A nombre de Cubatur le reiteramos una vez más nuestras disculpas por todas las vicisitudes que tuvo en lo que debió ser un maravillo viaje de reencuentro con su amiga.

    Con relación a la compañera Lusmila, trabajadora nuestra, le explico, una vez más sin intención de justificar lo sucedido; que se trata de una excelente joven de solo 23 años quien apenas unos meses y con total seriedad y responsabilidad ha asumido la tarea asignada en su puesto laboral y debido a estas razones puede estar sujeta a errores como lo estamos todos; pese a ello admirativamente la dirección del centro ha tomado las medidas pertinentes para que casos como el suyo no se vuelvan a repetir y por su parte estaría encantada de tener la oportunidad de ofrecerle personalmente las disculpas que usted merece.

    Respecto a nuestra labor significarle que trabajamos cada día en el escenario que tenemos para tratar de que cada cliente salga satisfecho y cubrir sus expectativas; y aunque no estemos exentos de errores en cada momento tenemos presente que lo primero es el cliente y su protección.
    Es por ello que le solicitamos encarecidamente que no dude en volver a confiar en Cubatur Sucursal Occidente, que es nuestra identificación, para futuros viajes recreativos siempre que lo desee.

    Un cordial saludo

    Saludos cordiales,

    Naila Rodríguez Piloto
    Especialista Comercial Cubatur Sucursal Occidente
    Calle L esquina 23, Vedado. La Habana, Cuba
    Telf.: +537 833 31 71 | +537 833 35 69 ext. 224
    http://www.cubatur.cu

  2. Alejandro dijo:

    Hola estimada Delia, mi nombre es Alejandro González y fui quien escribio utilizando el nick de “otro mas” en su articulo, este es mi correo personal dannai8586@gmail.com, puede escribir cuando guste

  3. Pingback: Cubatur, la culpa de nadie | Cubaicaní

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