Natasha me llamó desde Rusia

El encuentro largamente deseado se consumó en Cayo Largo del Sur.

Natasha me llamó súbitamente. Ya había visto una llamada perdida suya ayer y le grabé un mensaje diciéndole que estaría trabajando y exponiéndole nuestra actualizacion. Pero ella quería tranquilizarme.
Me dijo que según los médicos rusos este coronavirus no es tan peligroso, “menos peligroso que algunas gripes”, especificó. Que allá la gente permanece tranquila. Que recordara un video que me envió, donde una inmunóloga rusa recomedaba una mascarilla reforzada con una almohadilla sanitaria, y a esta se le aplicaba tintura de propóleo, o de eucalipto, o de algo que no entendí bien, o de té…que mata o bloquea el virus.
Que si podía trabajar desde casa. Que si alguien me prestaría un ordenador, ya que el mío, le dije, está roto, o si eso era una quimera. Que los niños no desarrollan la enfermedad, aunque la transmiten. Que lo del limón en agua caliente es una fórmula cubana.
Le puse a Marcel, quien estaba conmigo, y se enterneció. Marcel no entendió nada, solo le preguntaba por su mamá, la de él, y luego, como queriendo salir de algo raro, le dijo: adiós, tia Tacha.
¡Qué linda es la amistad verdadera!
No solo, hago constar, en tiempos de Covid-19. Días atrás hizo dos años que nos vimos en Cayo Largo del Sur y ahora hay, también, zozobra en la comunicación.

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El terremoto que alarmó a Cuba

Vecinos del edificio 12 Plantas bajaron a la calle en busca de seguridad.

Vecinos del edificio 12 Plantas buscaron refugio en los bajos del inmueble.

Habrían pasado escasos minutos después de las 2:00 de la tarde de este 28 de enero cuando plantaron ante mí la encomienda: “Llama urgente al Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas de Santiago de Cuba”. Después, me dieron la noticia de lo que suponían ya sabía: “Acaba de temblar la tierra, aquí la gente dice que lo sintió”.

Pero en la Redacción Digital Rosario, Lianny y yo permanecimos ajenas al suceso. Abajo, en el sótano de Escambray, embebidas, como estábamos, en el video de Emely, la niña que le canta a Martí, teníamos sentidos solo para ella. Terminado de colocar el material en Internet, subí las escaleras, radiante de emoción. Y ahí mismo cambió todo.

Demoraría en conocer las historias de mi gente: la recepcionista a quien le entraron taquicardias luego de una sacudida en su silla, el corrector al que el baño se le movió debajo; la colega que, ante un movimiento del asiento, soltó el teléfono e informó que la tierra temblaba; el sobrino en Bayamo que confirmó la anomalía al ver moverse el agua de la pecera; la hermana doctora, que se pasó toda la tarde con la cabeza “atontada” y síntomas de agitación.

Antes, escucharía los testimonios de vecinos del 12 Plantas, grabados con toda premura por nuestro fotógrafo de Audiovisuales Escambray en los bajos del inmueble y colocados poco después en la página digital: la joven que sintió mareos en un balcón movedizo, aunque achacó esa sensación a sus padecimientos cervicales; la mujer que, alarmada por las vibraciones en su sofá y el piso, llamó a la vecina para saber si trabajaban allí con un taladro…

AL HABLA CON EL CENAIS

Poco después de la encomienda y en medio de una telefonía colapsada, tenía del otro lado de la línea al doctor en Ciencias Enrique Diego Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional y vicedirector técnico del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais). Cortés, y con el mínimo de tiempo para atenderme, declaró: “Preliminarmente, magnitud 6,9; epicentro al oeste de Cabo Cruz”. Alcanzaría a indagar, apenas, por los reportes de perceptibilidad, y escuchar: “En toda Cuba”.

Con el doctor Arango hablaríamos de nuevo en la mañana del 29 de enero, terminada una comparecencia suya por la Radio de Santiago de Cuba. Ofrecería más información y aclararía dudas, como esa relativa a la sensación de vértigo que muchas personas han referido ante este terremoto.

“Al haberse producido lejos del territorio crea una onda de largo período, por eso demora más y produce en quienes lo perciben esa sensación de mareo”, explicó. Comentó también otro dato interesante: “Hasta las 6:00 a.m. del día de hoy, aunque es posible que hayan ocurrido más, se habían registrado 278 nuevos sismos por el Servicio Sismológico Nacional, 21 de ellos con magnitud mayor de 2.5 alrededor del epicentro. En la zona de Islas Caimán, situada a 250 kilómetros más al oeste, han ocurrido 86 sismos o terremotos, que se suceden más desde la noche de ayer. No se pueden tomar como réplicas, ya que se trata de zonas de ruptura nueva”.

El alboroto no fue en vano este 28 de enero, ya estremecido desde el amanecer con el Desfile Martiano en cada uno de los territorios de Cuba, al conmemorarse un nuevo aniversario del natalicio del Apóstol: el sismo del pasado martes es el de mayor magnitud que se ha registrado en el país desde que se cuenta con estaciones sismológicas, que hoy totalizan 18 y comenzaron a surgir en 1964 en Soroa, Pinar del Río.

“El mayor evento de su tipo registrado antes de este fue el ocurrido en Cabo Cruz el 25 de mayo de 1992, que tuvo una magnitud de 6.9 grados”, precisó Arango y advirtió que hay registros históricos de terremotos mayores, pero que cuando aquello no se medían. El propio centro donde labora ha asegurado en las últimas jornadas —para tranquilidad general— que, teniendo en cuenta el mecanismo geológico de la falla Oriente, no existe peligro de tsunami para Cuba.

VATICINIOS

En un material publicado en estas mismas páginas el 13 de junio del 2015 bajo el título “La tierra se mueve”, el colega Luis Herrera Yanes advertía sobre la necesidad de prestar más atención a las actividades de preparación y prevención en la gestión de riesgos. Señalaba que, atendiendo al alto registro en Cuba de sismos (más de 6 870 en el 2014), el sistema nacional de Defensa Civil había incluido en el Ejercicio Meteoro 2015 la preparación para enfrentar sismos de gran intensidad y maremotos.

Sobre el tema disertaba en aquella oportunidad el máster en Ciencias Félix Pentón Hernández, especialista del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en Sancti Spíritus, quien sostenía que se justificaba la alerta de peligro de sismos de gran intensidad para la provincia de Sancti Spíritus y aclaraba: “Aunque el riesgo es menor que en la región oriental del país, no estamos exentos de ser afectados, incluso por un tsunami o maremoto”.

Recordaba también el investigador que la provincia cuenta con zonas sismogénicas o fallas de interior de placa, al tiempo que recibe la incidencia de otras ubicadas en territorios vecinos. Mencionaba eventos telúricos perceptibles en la historia sismológica de Sancti Spíritus, entre ellos dos de mayor magnitud: el de 1943, en la zona de Trinidad, con las mayores afectaciones registradas en la historia de la provincia; y el de 1976, con 5.5 grados, en la zona de La Felicidad, Topes de Collantes, también en Trinidad.

“De acuerdo con los escenarios más probables de generación de maremotos en el Caribe, los asentamientos poblacionales de Tunas de Zaza-Médano y Casilda, ubicados en la costa sur, pudieran ser afectados por un fenómeno de ese tipo originado por un sismo de gran intensidad que se registre en el sur de las islas Gran Caimán”, especificaba Pentón Hernández.

Lanzaba, además, su advertencia: “El 50 por ciento de los tsunamis se presentan, primero, como un recogimiento del mar que deja en seco grandes extensiones del fondo marino para después avanzar hacia la costa como una gran ola a velocidad superior a los 100 kilómetros por hora. En un caso así, las olas tardarían de 3 a 5 horas en llegar a la costa sur de la provincia”. Y ofrecía recomendaciones a tomar en cuenta ante escenarios como el que se acaba de vivir en la Mayor de Las Antillas.

Según aseveraciones de expertos, la zona entre el oriente de Cuba y Jamaica resulta muy propensa a sufrir frecuentes terremotos, aunque no suelen ser, dicen, de una magnitud tan elevada como la del martes 28 de enero. En contraposición a la creencia de que es Santiago de Cuba el territorio más golpeado por los terremotos, el epicentro de los dos más potentes registrados en la isla ha estado próximo a Cabo Cruz, en la provincia de Granma, y el último de ellos tuvo perceptibilidad en todas las provincias del país.

LA DEFENSA CIVIL ALERTA

Afortunadamente, ya se empiezan a difundir y a escuchar las alertas sobre modos de comportamiento a observar ante fenómenos que amenazan con volverse cada vez más cotidianos. “La primera recomendación es conocer de antemano las zonas más seguras dentro de la vivienda, que son los umbrales de las puertas, debajo de mesas u otras superficies que ofrezcan protección ante un derrumbe y lejos de puertas, ventanas, muebles u objetos de cristal”, indicó Roldán Rodríguez Luna, jefe de la Defensa Civil en la provincia.

“Fuera del domicilio, debe buscarse protección en áreas abiertas y alejadas de edificios, árboles y postes eléctricos. Durante o después del sismo no deben usarse elevadores; desde que se tenga la percepción del mismo es prudente desconectar los servicios de gas, corriente y agua; tener a mano medios portátiles de comunicación y orientación, como radios de pila, celulares y linternas”, especificó. “Es muy importante mantener la calma y no correr atropelladamente, empujar o gritar. También, salir siempre con el documento de identificación”, amplió.

Mi asociación deviene inevitable: 19 de febrero de 1976, 1:59 p.m. Un sismo de magnitud 5.6 con epicentro en Pilón sacude buena parte del territorio oriental. Pánico en los centros internos del plan Veguitas: edificios rajados, escaleras en colapso por multitudes que corrían, alumnos y trabajadores que se lanzaban al primer piso, daños humanos asociados al pavor y a la falta de información…

Escambray procura contribuir. El camino, inevitablemente, es el conocimiento.

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De pionera a joven comunista

El trabajo de la UJC debe ser dinámico, atractivo y profundo.

Asistíamos a las actividades ataviados, según el caso, en uniformes o ropa de campaña. Éramos felices en cada entorno en el que nos movíamos. Nos resultaban igual de atractivos los encuentros solemnes en la Loma de Coroneaux, sitio emblemático de la Batalla de Guisa, mi pueblo natal, que las acampadas a cielo abierto en otros puntos periféricos.
Corrían los finales de la década del ’60. Dentro de una nación agredida, igual que hoy, pertenecíamos a la Unión de Pioneros de Cuba (UPC), lo cual nunca significó suspender clases o descuidar el estudio. Antes de ser pionera yo añoraba mucho tener anudada al cuello la pañoleta bicolor —mitad blanca, mitad azul—. Tanto, que el día en que mi hermana mayor la recibía me retraté con la de ella, en el propio escenario de celebración.
Obras de teatro en los matutinos de la escuela, coros, actos cívicos en los que nadie osaba hablar mientras cantábamos el Himno Nacional y se izaba la bandera, fiestas de diversa índole y otras propuestas fueron, también, aderezos de nuestra vida pioneril. Después la organización modificó su nombre y la edad de ingreso se extendió a la de la Enseñanza Secundaria, que en aquellos tiempos era el inicio de la pertenencia a la FEEM, como creo que aún debiera ser hoy.
Y llegó el ingreso a la Unión de Jóvenes Comunistas, que solía sorprendernos, en ocasiones, antes de que cumpliéramos los 15 años. Con él, se arreció el fogueo al carácter y a la responsabilidad, sobre todo en aquellas memorables etapas de Escuela al campo, cuando el trabajo jamás resultó carga, sino disfrute.
Desalmidonadas, aunque serias, solían ser las iniciativas, que nos acompañaron hasta más allá de la Universidad. La historia de la nación cubana y de países amigos estuvo siempre a modo de denominador común, cuando, ya en el periódico Escambray, nos tocó la suerte de integrar un Comité de Base resuelto y dinámico.
Velar por bustos de las áreas cercanas, visitar fábricas y museos, promover encuentros de lectura y debates de cine, apoyar a cada joven de su radio de acción; todo ello integra la memoria de los otrora militantes de la UJC en las décadas del ‘80 y el ‘90. El paso por ambas organizaciones nos preparó para la vida; nos volvió alegres y a la vez profundos.
No digo que ahora sea exactamente diferente, pero siento que no es igual. No puede ser igual cuando el contexto es otro. Organización política de vanguardia de la juventud cubana, la Unión de Jóvenes Comunistas es también la principal cantera para el ingreso a las filas del Partido. Por eso le corresponde seguir siendo ese grupo al que se quiera pertenecer porque sus propuestas interesen y atraigan.
Este es, por más que avancen los tiempos y las tecnologías, el mismo país y el mismo continente donde vivió, luchó y fundó Ernesto Che Guevara, quien sostenía que los jóvenes comunistas debían ser “los primeros en estar dispuestos para los sacrificios que la Revolución demande, cualquiera que sea la índole de esos sacrificios. Los primeros en el trabajo. Los primeros en el estudio. Los primeros en la defensa del país”. Y los llamó al ejemplo, desde quienes dirigen hasta el último de los miembros, sin renunciar a la inconformidad edificante.
Se puede, estoy segura, ser fresco y espontáneo, como también recomendaba él, sin perder la hondura de los razonamientos. Se debe, creo, recuperar el terreno perdido, lo mismo en materia de organización que en los resortes de convocatoria, los procedimientos para ciertos análisis o los procesos de crecimiento, que son la garantía de continuidad. Argumentos no faltan para seguir siendo banderas, pero banderas de verdad.
Nacidas un 4 de abril, la una en 1961 y la otra 1962, la Organización de Pioneros y la UJC  celebran hoy sus cumpleaños. A ambas corresponde seguir siendo fraguas de nuevas generaciones de cubanos, con visión futura, con fórmulas que enganchen. Todo está en que la membresía se identifique con las ideas —nacidas del esfuerzo común— y las ponga, de la mejor forma posible, al servicio de la nación.

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